Siete puntos

Cincuenta años

1. El pasado sábado se celebró un acontecimiento que, quizá, pueda parecer irrelevante, o sólo circunscrito al ámbito privado de la Iglesia católica (IC). Ese día se cumplieron 50 años de la primera misa en un idioma que no fuera el latín, cuando Pablo VI la celebró en italiano, el 7 de marzo de 1965.

2. Meses después, en diciembre del mismo 1965, se clausuraba el Concilio Ecuménico Vaticano II, de gran impacto no sólo al interior de la IC sino en el mundo entero.

Celebrar la misa en las diferentes lenguas vernáculas marcaba el deseo por adaptar la liturgia a las diferentes culturas.

3. El que la misa se celebrara en español, que los cantos litúrgicos fueran no sólo gregorianos y el que el sacerdote se colocara frente al pueblo y no de espaldas a él durante la celebración litúrgica, parecieron, en un primer momento, los cambios más importantes impulsados por el Concilio.

4. Sin embargo, la revolución conciliar iba en otra línea: la concepción de Iglesia. Ya no se le entendería con la imagen de una pirámide, en cuya base se encontraban los laicos, y ascendiendo peldaños, desde las religiosas hasta los obispos, pasando por los sacerdotes, hasta llegar a la cúspide, el Papa.

5. A partir del Concilio la imagen sería otra, de tipo circular. Dios estaría en el centro del círculo y, a su alrededor, con igual dignidad, con responsabilidades diferenciadas y las mismas posibilidades de santidad, el Papa y los laicos, los obispos y los sacerdotes, los miembros de la vida consagrada.

6. Mucho se ha batallado en estos años posteriores al Concilio para aterrizar esas propuestas.

De hecho, vivimos las últimas décadas del siglo pasado en una especie de invierno eclesial.

Parecía que se tenía miedo a los cambios propuestos por el Concilio, y la involución ocupó el lugar de la revolución.

7. Pero la primavera eclesial llegó con el papa Francisco, y su mensaje y testimonio nos hacen recordar a Juan XXIII, padre del movimiento conciliar. Hoy ha renacido la esperanza, ha regresado el aire fresco de renovación, vuelve la propuesta de regresar a Jesús… como se planteó hace 50 años.

 

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