Siete puntos

Balance de la visita papal

1. El Papa se ha ido. Después de intensas jornadas en las que multiplicó discursos, saludos y hasta regaños, conviene hacer un balance de su visita, y plantear en prospectiva lo que nos ha dejado. En primer lugar, y previo a su llegada, se respiraba un clima de zozobra. A diferencia de Juan Pablo II, muy predecible en sus gestos y palabras, Francisco nos podía sorprender, y estoy seguro de que lo hizo. Por primera ocasión, creo, estábamos más atentos a su mensaje, que a sus manifestaciones de cariño, seguramente muchas.

2. Y así fue. Desde el primer día de actividades dejó sentir el peso de su profetismo. En Palacio Nacional invitó a los dirigentes de la vida social, cultural y política a la "... construcción de una política auténticamente humana, y una sociedad en la que nadie se sienta víctima de la cultura del descarte". Y en Catedral advirtió con severidad a los obispos: "Si tienen que pelearse, peléense; si tienen que decirse cosas, se las digan, pero como hombres, en la cara" y "No se necesitan príncipes, sino una comunidad de testigos del Señor".

3. Manifestó su delicadeza durante la misa en la Basílica de Guadalupe, y aconsejó la cariñoterapia en un hospital para niños con cáncer. En Ecatepec elenco las actuales tentaciones —a las que todos estamos expuestos—, y en Chiapas fustigó a quienes han oprimido a los indígenas durante siglos. En el signo, quizá, más emblemático de todo su viaje, oró frente a la tumba del controvertido obispo Samuel Ruiz, vilipendiado por los poderosos y hasta por algunos de sus hermanos obispos, pero amado por los indígenas chiapanecos.

4. En Morelia se dieron las intervenciones más amables y suaves del Papa. Y es que si con los obispos había sido muy duro, con los consagrados —seminaristas, sacerdotes, religiosas— se esperaba algo semejante. No fue así, y con gran sentido paternal, les recordó que no son funcionarios ni empleados de una empresa, y les recomendó no caer en la gran tentación de la desesperanza. Y a los jóvenes les dijo: "Los alpinistas tienen una canción muy linda... En el arte de ascender, el triunfo no está en no caer, sino en no permanecer caído".

5. Cerró su viaje en Ciudad Juárez, y creo que con broche de oro. Y es que en el Cereso invitó a nuevas formas de combatir la inseguridad, más allá de encarcelar a culpables; ante el mundo del trabajo condenó a los actuales esclavistas, y recordó que el flujo del capital no puede determinar el flujo y la vida de las personas; ya por la tarde, en la misa que celebró en la frontera con los EU, criticó el actual clima de violencia que lo mismo genera miles de inmigrantes que de desaparecidos. El sitio no podría ser mejor para ese reclamo.

6. Se le podrá cuestionar, como lo han hecho algunos especialistas que: no se refirió con casos concretos a las frecuentes violaciones de los derechos humanos en el país —lo que significó un gran alivio para las autoridades—; no recibió a los padres de Ayotzinapa; no condenó a Marcial Maciel ni platicó con víctimas de la pederastia clerical; censuró la violencia, pero sólo la del narco; levantó la voz contra el maltrato a los migrantes, pero no cuestionó ni a Obama ni, mucho menos, a Peña Nieto. En el vuelo de regreso a Roma contestó a estas interrogantes.

7. Cierre ciclónico. ¿Qué esperaba Donald Trump que dijera el Papa? ¿Que aplaudiera su idea de impedir, todavía más, el paso de mexicanos a los EU? La afirmación de Francisco es de sentido común, desde el ángulo religioso: "Una persona que piensa sólo en construir muros, en donde sea, y no construir puentes, no es cristiana". Yo no sé si este golpe afectará al candidato que, según encuestas, es el más aventajado a la postulación del Partido Republicano para la Presidencia de los EU. Pero refleja lo que muchos pensamos.


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