Articulista Invitado

El mandato de Trump y el "efecto Jesse Ventura"

El triunfo de Donald Trump sorprendió (literalmente) al mundo. Prácticamente todas las mediciones, los mercados de apuestas, los indicadores económicos, las estimaciones de distintas consultorías (concentradoras de encuestas o calificadoras) veían el triunfo de Hillary Clinton como el escenario más probable. La diferencia entre los pronósticos (para quienes se atreven a hacerlos) y el resultado es, en sí mismo, un tema de discusión. De hecho, las mediciones en el agregado del voto popular fueron correctas: Clinton ganó. El problema fue el resultado del Colegio Electoral. Será para una próxima entrega.

Sin embargo, a diferencia de lo que indicaban todas estas estimaciones, sobre todo cuantitativas, hubo algunos que con argumentos sólidos advertían sobre lo que se avecinaba. A mediados de julio pasado, Michael Moore publicó un artículo con las cinco razones por las que Trump ganaría. 

En primer lugar, expone que Trump tendría el apoyo de la clase obrera estadunidense (blue collar jobs) afectada por la economía global, principalmente en Michigan, Ohio, Pennsylvania y Wisconsin. La segunda razón es que Trump representaba a numerosos hombres (angry white man) que se oponen al creciente poder de mujeres, homosexuales y grupos étnicos. En tercer lugar, Moore señalaba que no había entusiasmo por Hillary; ella no gozaba de mucha popularidad como Obama, así que no era la primera opción para muchos electores. Otra razón era el bajo apoyo que recibiría de los partidarios jóvenes de Bernie Sanders, pues no estaban convencidos de votar por ella.

Finalmente, muchos estadunidenses aprovecharían la casilla para descargar su disgusto y frustración ante un deteriorado sistema político. El voto se traduciría en un mensaje de enojo donde elegir a Trump es símbolo de rebeldía, tal como ocurrió en los 90, en Minnesota, que eligió al ex luchador profesional Jesse Ventura como gobernador.

A juzgar por las encuestas de salida, el diagnóstico de Moore fue más que profético. La encuesta más valiosa para entender al elector y a la sociedad en general, y no necesariamente predecir resultados, es la encuesta de salida. Con ella podemos entender segmentos, tendencias demograficas, razones del electorado y, en último término, el mandato del ganador. Conocer las razones por las que un candidato fue votado es saber a que está comprometido con el electorado.

Demográficos

Dice una máxima de la escuela sociológica del comportamiento electoral: “demográficos son destino”. Esto se cumplió en EU. Las encuestas de salida y de The New York Times así lo evidencian.

Si hubiera que estereotipar el grupo que definió la elección sería: hombres (53%) blancos (58%) —escolarizados (49%) y no escolarizados (80%)—protestantes (60%), poco satisfechos (49%) y enojados (77%) con el establishment político, en particular con el gobierno federal.

Clinton recibió el apoyo de personas “no blancas” (74%), la mayor parte latinas (65%). Se esperaba también que el género le daría un mayor margen, pero no fue suficiente. Solo 12% de mujeres votaron por ella por arriba de su promedio (42% vs. 54%). De hecho, la brecha de genero que favoreció a Clinton entre las mujeres fue superada por la brecha (13%) que crearon los hombres que votaron por Trump (48 vs. 53%).

En educación, si bien hay un sesgo a favor de Hillary entre la gente con college (52%), esto no se observa entre los hombres blancos. Dato revelador en esta elección: ser hombre blanco importo más que ser escolarizado. En el segmento de hombres blancos con college hay un sesgo de 4 puntos a favor de Trump (45% vs. 49%)

Se esperaba que los jóvenes salvaran a la candidata democráta. Es cierto que hay una tendencia: a mayor edad, mayor preferencia por Trump. Más de la mitad de los electores de Trump superan 45 años (56%). Con Clinton votaron más jóvenes: 52% menores de 44 años. Pero como lo sugería Moore, los millennials votaron por terceras fuerzas electorales (9%).

Una de tantas ironías de esta elección es que 29% del voto latino fue para Trump. No es el peor récord para un republicano. Bob Dole obtuvo 21% y Mitt Romney, 27%, pero dado lo que dijo sobre los hispanos el candidato republicano, el resultado es sorprendente.

Temas (Issues)

La encuesta de salida señala que el reto más importante en ese país es la economía (52%), seguido de terrorismo (18%). Migración no se ve como tema fundamental (13%). Es interesante que el votante promedio prefiera legalizar a ilegales (70%) que deportarlos (21%). Es decir, la propuesta de Trump no es popular en el tema migratorio: ni en nivel de importancia, ni en la forma de resolver el problema. En lo que refiere al muro, 4 de 10 votantes lo quieren (41%), pero la mayoría lo rechaza (54%), lo cual no significa que entre republicanos no sea popular (84%). Veremos como se comporta Trump.

Otro tema fundamental es el Obamacare. El votante se dividió, pero la opinión negativa predominó. Tal vez sea el tema donde Trump logró mayor consenso. La mayoría de electores pensó que fue muy lejos (47%) y un menor porcentaje pensó que se quedó corto (30%).

Los votantes de Trump que consideran que el programa fue “demasiado lejos” hay 83%. Con Clinton la proporción que consideró que la reforma estuvo bien fue de 82%.

La percepción sobre los tratados de comercio estuvo dividida. Casi en la misma proporción consideró que generaban (38%) o quitaban empleo (47%). Estos son percibidos de manera más negativa por el votante de Trump que por el de Clinton. Los primeros creen que quitan empleos (65%); los segundos opinan que crean más (59%) y no afectan los actuales (63%).

Imagen de los candidatos

Sobre la imagen de los candidatos, la opinión hacia Hillary se reparte entre una minoría que la considera favorable (44%) y una mayoría (54%) que no. En cambio, Trump tiene más percepción desfavorable (64%) que favorable (38%).

Clinton supera a Trump en “preocupación por la ciudadanía” (58%), “experiencia correcta” (90%) y “buen juicio” (66%). En cambio Trump solo la supera en la “posibilidad de hacer un cambio” (83%).

Sobre la honestidad que proyecta cada uno, las cifras muestran que Trump tiene una imagen más honesta (98%) que Clinton (96%) entre sus votantes. ¿Quién está mejor calificado para ser presidente de EU? Más de la mitad dice que Clinton (52%), a diferencia de las bajas cifras de Trump (38%).

Estos datos revelan que los estadunidenses no necesariamente coinciden con las propuestas del presidente electo, pero sí manifiestan su distancia con la gestión de los demócratas, en especial la candidatura de Clinton. Se observa que quieren cambios y esto coincide con los argumentos de Michael Moore: estos datos contribuyen a visualizar a un votante disgustado con el sistema político y desencantado de la clase política.

Es contradictorio que en este contexto la imagen de Obama es mejor que la del gobierno federal. De hecho, sus niveles de aprobación son ligeramente mejores entre votantes que entre el público (53%).

El efecto Jesse Ventura

Es difícil explicar por qué ganó Trump cuando sus propuestas no fueron las más populares y tuvo la peor imagen de los candidatos, además de que la gente tiene preocupación (24%) y miedo (29%).

Es cierto que el perfil demográfico del elector le favorece y podríamos decir que ésta fue una elección de demográficos. Sin embargo, esto no era suficiente. Había una condición, descrita por Moore como el efecto Jesse Ventura: la libertad de votar por un luchador, un actor de reality show o un empresario. ¿Por qué no sacar el anarquista que llevamos en la casilla? Cansados de la clase política y del sistema de partidos, el electorado eligió al representante del “antisistema”. Si podía hacerlo: ¿por qué no? Lo hicieron, diría Moore: “just because they can”.