Voces Ibero

Lo que realmente nos hace felices

El gran reto en la vida parece ser el mismo para todos: la felicidad. Desde hace mucho tiempo, sobre todo en la juventud, la hemos fincado en los logros, principalmente el económico y el poder o la fama.

Al escuchar la respuesta de universitarios sobre lo que los hace felices y lo que pretenden hacer para conseguirlo, invariablemente salen esos parámetros. Máxime cuando su vida se ha desarrollado en una plataforma tecnológica que no tuvimos otras generaciones y que coarta su libertad de relacionarse en persona, al grado en que la herramienta no es el aparato, sino ellos al servicio de la tecnología. Afortunadamente no todos lo viven a ese extremo, pero cada vez es más grande la proporción de los que han sido seducidos y hasta secuestrados por la tecnología.

Según un estudio longitudinal, realizado por la Universidad de Harvard, que ha durado más de 75 años, y que ha dado seguimiento a las vidas de más de 700 hombres(utilizando pruebas médicas tales como sanguíneas, físicas, tomografías así como una serie de cuestionarios periódicamente respondidos),el Dr. Robert Waldinger ha sacado a la luz algo que, intuitivamente,descubrimos con los años: la felicidad no se basa en la fama, ni en la fortuna. La felicidad es el resultado de la plenitud con la que se han vivido la serie de relaciones construidasdurante la vida, principalmente las más duraderas, las que incluso le han dado significado a nuestra existencia.

Naturalmente una mala relación no trae felicidad; son las profundas y de mayor calidad las que nos enriquecen y nos hacen continuar con un mejor espíritu.

Contar con buenas relaciones hace que la vida sea más atractiva. La soledad, no sólo es mala consejera, camina en contra la felicidad. Y no hay peor soledad que la acompañada.

Una de las cosas más interesantes de este estudio, es que se trata de una mirada hacia el futuro a través de la mirada al pasado de quienes ya vivieronun largo trecho. Es como una visión que podemos aquilatar para virar, si es necesario, a un camino más sencillo hacia la felicidad, y no esperar a tener ochenta años para darnos cuenta que invertir en relaciones a largo plazo, de calidad y generar estabilidad a la familia nos traerá como resultado lo que tanto hemos anhelado: la felicidad.