Voces Ibero

Equidad en mercadotecnia

A lo largo de más de veinte años, como profesora, he tenido la oportunidad de palpar cambios sociales en los jóvenes universitarios de entre 18 y 23 años.

En mi especialidad, como mercadóloga, estos cambios son muy importantes, pues la mercadotecnia no tiene sentido si no se adecua a los cambios sociales que se suscitan. De esta forma, he tenido la costumbre, no sólo de observar, sino de cuestionar a los jóvenes que han pasado por mi aula y reconozco que hasta hace poco más de una década, la definición de roles sufría una fuerte pugna, predominando más lo tradicional.

En tiempos más recientes, los varones no podían tomar una postura firme respecto a su rol sin que fueran cuestionados por las chicas. Prácticamente se podía percibir que “los chicos esperaban encontrar una chica que ya no existía y ellas, esperaban a alguien que aún no había nacido”. Sin embargo, este año, haciendo nuevamente la dinámica, fue notable que la brecha entre lo que ellas y ellos esperan ya es muy corta.

A final de cuentas, estos jóvenes nacieron justo hace 18-20 años, cuando los roles estaban muy marcados, pero les ha tocado experimentar los cambios sociales, a veces sutiles, a veces no tanto y hoy se cosechan posturas más tolerantes de ambas partes.

La crisis sobre los roles está dándose más en un rango de edad de entre los 30 y 50 años pues, son a quienes cuando más jóvenes, les tocó el inicio del movimiento feminista o el esplendor de éste.

En cuestión de mercadotecnia podemos verlo fácilmente si observamos la forma como se comunican las empresas con sus mercados. Artículos que tradicionalmente eran para un mercado masculino o bien, donde las decisiones eran tomadas, comúnmente, por los hombres, tal vez influenciados por las mujeres. Un ejemplo de esto lo encontramos en los autos, no sólo está segmentado por edades o estilos de vida, sino por el género. Y es más claro esto último que épocas pasadas.

Al preguntar a los jóvenes, que han pensado en tener una familia en un futuro, en general, tienen el deseo de contar con un “mamámovil”. No importa si serán 1,  2 ó 3 los hijos, buscan un vehículo para 7 pasajeros.La opinión puede venir de él o de ella, yparece una decisión predeterminada: mamá = “mamámovil”, el consumo de combustible es secundario, importa que ese es el vehículo para cuando se es mamá.

¿Acaso hemos vuelto a una imposición sutil o se trata de un nuevo acuerdo?