NEFELIBATA

PRISA POR EL OLVIDO

Torreón es una ciudad racista. Eso quedó demostrado desde muy temprano en su historia. El 15 de mayo se cumplieron exactos 106 años de la matanza que la gente de Torreón cometió contra la comunidad china.  Por años, el hecho fue algo de lo que se hablaba en voz baja como de una leyenda urbana: Villa mató a muchos chinos en la esquina de la Hidalgo con Valdez Carrillo. Poco a poco y apenas en años recientes varios historiadores fueron publicando los resultados de sus investigaciones. 

La mayoría de los historiadores coincide en los puntos básicos de los hechos y éstos pueden resumirse así: Ya desde años previos se venía gestando un movimiento anti-chino en todo el país y acabó por tomar forma física en 1911; No fueron las fuerza villistas –que se encontraban en Ciudad Juárez- las que cometieron la agresión, sino tropas maderistas bajo las ordenes de Benjamín Argumedo; las agresiones comenzaron desde el sábado 13, cuando los maderistas sitiaron la ciudad por las huertas situadas al oriente. 

La madrugada del lunes 15 la guarnición federal escapó por el poniente, aprovechando un aguacero. Las tropas maderistas encontraron inerme a la ciudad; casi de inmediato, se dio la orden de matar a todos los chinos. La matanza ocurrió con un desenfreno extraordinario. Todavía se cuenta, aún sin pruebas documentales, como los orientales fueron arrastrados a lo alto del Banco Chino, en Hidalgo y Valdez Carrillo y que ahora es parte del Museo Arocena, para ser arrojados a la calle desde su azotea, “donde sus cabezas se destrozaban al chocar contra el pavimento.” 

La violencia demostrada tanto por los maderistas como por las turbas civiles hablan de un odio que rebasa por mucho el simple objetivo militar; en total fueron 303 personas de origen chino las que fueron asesinadas ese día; a las cinco de la tarde se organizó un desfile por las principales calles de la ciudad, las cuales estaban cubiertas de cadáveres… 

Después, “hubo un silencio cómplice, dice el historiador Carlos Castañón. “Es la masacre más violenta de ciudadanos de ese país en la historia del continente americano y sin embargo el hecho es poco conocido en el país. La sociedad no quiso afrontar o reconocer que fue parte de esa violencia y la mejor manera de abordar ese terrible suceso fue no hablando de ello.”

En su libro Las Dos Repúblicas, el mismo historiador anota que La Laguna seguía una política alentada por el gobierno de Porfirio Díaz, que era la de invitar a extranjeros para que vinieran a poblar el país, en especial los amplios territorios del norte. Pero se prefería gente caucásica, que blanqueara al pueblo mexicano.

En lugar de eso, agrega Castañón, vinieron otras etnias procedentes de Líbano, de Palestina… y de China. 

Sergio Corona Páez, cronista de Torreón recién fallecido, anotó que “los emigrantes chinos tuvieron una gran paciencia y una enorme capacidad laboral. Echaron raíces en La Región pero, pese a beneficiarla con su trabajo, no eran queridos.” El gran tesón que demostraban en todas sus actividades hacía que prosperaran con suma rapidez, lo que también despertaba grandes envidias. La otredad, la diferencia física, de vestuarios, costumbres y de lengua, pero sobre todo, los prejuicios racistas, son los que a la larga desembocaron en la cruel agresión que la comunidad sufrió en esta ciudad, llamada por ellos T’saiyüan.

Un acto público de desagravio casi de carácter personal para con la comunidad china fue el llevado a cabo por el doctor Manuel Terán Lira. Casi al cumplirse los primeros cien años de estos hechos mandó instalar una pequeña placa conmemorativa en la esquina exterior del Banco Chino, por la Valdez Carrillo.

Años después, en el 2007 se colocó una estatua, “El Hortelano”, en el Bosque Venustiano Carranza, en el que fue el primer esfuerzo público de desagravio por parte del municipio de Torreón. Al pie de la base de esta estatua se colocó, enterrada, una pequeña cápsula del tiempo.

Hoy día, la pequeña placa del Banco Chino ha desparecido. Solo queda su base de madera, la cual es ignorada por los peatones de esa céntrica y maltrecha calle. La estatua del Hortelano tampoco está ya. No se sabe si fue robada para fundir su metal o si fue trasladada a un sitio seguro para evitar su robo en los años de violencia. La capsula del tiempo a sus pies fue vandalizada casi de inmediato.

Parece que hoy la gente de Torreón, la lejana y cruel T’saiyüan, tuviera prisa por olvidar esta vergonzosa manifestación de racismo.


flaviobecerra@hotmail.com