NEFELIBATA

Isao Tomita : Requiem Electrónico II

Isao Tomita no puede en rigor ser considerado  un precursor de la música electrónica. Él mismo cuenta en el texto que acompaña uno de sus discos que el primer instrumento musical electrónico viable fue inventado por el ruso León Therémin en 1917 y que desde entonces no han hecho sino evolucionar de muy diversas formas.

No hay que olvidar cómo durante las décadas de los cincuenta y sesenta autores como Varése, Pierre Henry, Messiaen, Berio y Stockhausen hicieron las primeras grandes composiciones de la música electrónica.

Incluso dentro del género en el cual Tomita trabajó, el de la música clásica ejecutada con instrumentos electrónicos,  lo hizo seis años después que el norteamericano Walter Carlos lanzara su famoso Bach Electrónico.

El tiempo no perdona y algunos de sus sonidos generados por los sintetizadores ya han pasado de moda, suenan viejos y han sido superados por el inherente desarrollo de las maquinas. Otras texturas sónicas siguen vigentes, capaces de emocionar, como si desde el principio esas composiciones hubieran sido concebidas de esa forma.

Y es que ningún avance tecnológico basta por sí mismo para sostener una ejecución deficiente. Sin duda el valor de su trabajo radica en  la calidad conseguida en muchas de sus interpretaciones.

LAS VOCES DE LA TIERRA Y DEL CIELO

A Isao Tomita le gustaba referir que desde tiempos inmemoriales dos grandes sonidos han causado la admiración y el temor en la humanidad: el de la erupción del volcán y el del trueno. El primero es causado por la fricción de los materiales incandescentes en el interior de la Tierra, mientras el segundo, ahora lo sabemos, tiene su origen en la descarga de electrones de una nube a otra o hacia el suelo. La humanidad aprendió muy pronto a producir sonidos y música por medio de instrumentos de fricción, viento o percusión, pero apenas hace cien años comenzó a hace música con la electricidad.

En rigor, cualquier objeto que vibra produce ruidos y sonidos. Las estrellas son gigantescas masas gaseosas que al arder producen una gran cantidad de energía en forma de ondas. Del espectro que nuestro sol genera el ser humano solo es capaz de percibir a través de sus sentidos sólo una parte de la luz y del calor. Para poder captar las partes invisibles del espectro del sol y de las estrellas hemos tenido que construir aparatos mucho más sensibles que nuestros órganos sensoriales.

A mediados de los ochenta Isao Tomita usó como materia prima en su álbum Amanecer Coral ondas electromagnéticas de varios cuerpos celestes que diversos astrónomos del mundo le facilitaron.

En la lista de científicos a quienes da las gracias aparece Carl Sagan. Estas vibraciones fueron procesadas en computadoras y sintetizadores para convertirlas en material audible y con ello tocar varias piezas del periodo barroco y cuatro Bacchianas Brasileiras de Héitor Villa-Lobos. Como su nombre lo indica, es música de Brasil compuesta con recursos musicales de Bach.

Para la Bacchiana inaugural del  álbum, la rebautizada como Aurora Coral, usó el pulso de la magnetósfera de la Tierra. Estos son unos anillos invisibles que desvían emisiones solares que de llegar de forma directa a nuestro planeta, resultarían mortales. Aurora Coral puso fin en 1984 a la serie de obras de música clásica interpretadas con sintetizador que desarrollo a lo largo de diez años.

UN AMOR MEDIEVAL

Tomita no se retiró de la música electrónica. En la segunda mitad de los ochenta ofreció varios conciertos de dimensiones gigantescas en las ciudades de Yokohama, Linz, Nueva York, Sydney, entre otras.

Para esas presentaciones utilizó un sistema desarrollado ya en su Triángulo de las Bermudas que bautizó como Nube Sónica, que consiste en suspender enormes bocinas por arriba de la audiencia –usando incluso helicópteros- para que esta se sienta dentro de una pirámide acústica en la que los sonidos no sólo se mueven de un lado a otro, sino también de arriba abajo.

También volvió a la musicalización de series de tv y películas. Incluso volvió a trabajar una nueva banda sonora para la versión de 1997 de El Emperador de la Jungla. Pero sobre  todo se dedicó a la composición de trabajos de corte sinfónico. Esta fase de su trabajo no fue muy popular en occidente y, al menos aquí en México, esa etapa de su carrera no fue muy conocida.

La Historia de Genji es uno de sus más bellas composiciones de este periodo. Se basa en un trabajo literario del Siglo X. Genji Monogatari, por su nombre en japonés,  está considerada una de las primeras novelas de la historia y su autoría suele atribuírsele de forma unánime a Murasaki Shikibu, una mujer que formaba parte de la corte de la Emperatriz.

La mayoría de los comentaristas de la obra señalan que por primera vez en la historia aparece el intento de adentrarse en el yo íntimo de los personajes, con lo que da inicio a la novela psicológica y por lo tanto, moderna.

Para poder expresar la complejidad y riqueza de lenguaje contenida en la prosa de la escritora, Tomita usó para La Historia de Genji una fuerza sinfónica compuesta por cantante femenina, una orquesta sinfónica enriquecida con una notable cantidad de instrumentos antiguos japoneses y sintetizador, aunque este último tiene una participación mucho más mesurada que en trabajos previos.  

La composición fue estrenada en 1999 mediante una serie de conciertos realizados en Tokio, Los Ángeles y Londres y se lanzó a la venta en disco compacto con una grabación en directo, seguida de una versión de estudio publicada al año siguiente.

LA PRIMER VOZ DEL FUTURO

Isao Tomita compuso casi hasta el final de su vida. Una de sus últimas obras terminadas es la Sinfonía Ihatov, estrenada en el año de 2013. Otra vez recurrió a una fuente es literaria, aunque esta vez se trata del libro de cuentos de los años veinte El Tren Nocturno de la Vía Láctea, de Kenji Miyazawa. Ihatov es el nombre del mundo imaginario que este escritor inventó, recreando su natal provincia de Iwate, y que aparece con regularidad en sus historias.

Este libro ya ha sido objeto de varias adaptaciones y ha inspirado varias obras, entre las que destaca una sombría película en dibujos animados.

Pero lo más singular de la Sinfonía Ihatov es que la solista para quien está escrita es la estrella pop Hatsune Miku, cantante holográfica cuya voz está generada por un banco informático: una vocaloide cuyas presentaciones en vivo (vaya paradoja) son todo un fenómeno de masas.

En los conciertos con música de Tomita, lo hace acompañada de coros y orquesta sinfónica. Hatsune Miku significa La Primer Voz del Futuro. Desde hace varios años Tomita había trabajado en varios proyectos para este curioso personaje. Enfermo del corazón, estaba bastante consciente de que no tenía mucho tiempo por delante.

Él mismo dijo que “Mi prioridad en este momento es mantenerme saludable, me gustaría terminar Dr. Coppelius tanto como sea posible para que, incluso si me pasa algo, los demás puedan terminarlo”.

Conmueve ese último renglón: incluso si me pasa algo, los demás puedan terminarlo. Parece que Tomita siempre tuvo la vista puesta en el futuro. También pone de manifiesto que estaba en un punto en el cual privilegiaba más la finalización del trabajo por sobre su individualidad. Esa obra que menciona y que al final dejó inconclusa incorporaría por primera vez ballet con la diva digital. No deja de ser significativo que tanto al inicio y al final de su carrera, Isao Tomita musicalizara dibujos animados.


flaviobecerra@hotmail.com