NEFELIBATA

DIOS ES NEGRA

Dios es Negra, decían algunos grupos juveniles de los rebeldes años sesentas. Con esto querían hacer hincapié en que, de existir, con toda seguridad y de acuerdo al mensaje de los evangelios, Dios estaría de parte de las minorías oprimidas.

Por supuesto que la frase también tiene toda la intensión de provocar malestar en las personas conservadoras.En la cultura occidental el machismo ha terminado por conformar la idea de que Dios es un ser masculino de raza blanca, esto con un evidente sentido de dominación y colonialismo. Además, subraya la eterna condena que las grandes religiones judeo-cristianas hacen del cuerpo, especialmente del cuerpo femenino y sus funciones.

Esa condena o satanización del cuerpo ha generado a lo largo de los siglos respuestas contrarias de muy variadas índoles que propugnan mayores libertades, tanto sexual y reproductiva como artística. Así como ha habido un arte que aborda la imaginería religiosa desde el punto de vista oficial, hay quienes cuestionan y proponen.

Al ir separando las funciones del Estado de las de la Iglesia, la sociedad occidental fue ganando un espacio más amplio para la libertad individual. A partir de la Revolución Francesa el ciudadano comenzó a tener libertades de expresión más grandes.

Y el ejemplo cundió en otras naciones.El pasado Siglo XX fue pródigo en estas manifestaciones. Por nombrar un ejemplo, todavía se recuerda el revuelo mundial causado por la cinta La Última Tentación de Cristo, de Martín Scorcese.

Tardó unos quince años en poder ser exhibida en México luego de la prohibición ejercida por el Vaticano y la iglesia mexicana.Aquí en estas provincias se generó un pequeño escándalo a consecuencia de la publicación en redes sociales de la fotografía de una persona  transgénero vestida en lencería blanca, posando como si estuviera crucificado a una cruz tamaño natural. No queda del todo claro si su actitud quiere ser coqueta, provocativa o cuestionadora.

Lo cierto es que al difundirse a través de las redes, la imagen provocó revuelo, chismes y hasta indignación, al trascender que la foto había sido tomada en las instalaciones del centro turístico-religioso del Cerro de las Noas.  

Las reacciones fueron muchas y previsibles, desde amenazar de muerte a modelo y fotógrafa, hasta la exigencia de más seguridad en el Cerro de las Noas por parte de la Diócesis de Torreón.

Esta última resulta algo ingenua cuando uno se entera de que el custodio en turno les dejó vía libre a las autoras y su equipo después de haber recibido un pago.Encontrar en los medios y en las redes las distintas declaraciones y toma de postura es muy sencillo por la abundancia de ellas y por lo reciente del caso.

En una breve charla sostenida con la autora de la foto, Kimberly Serrato me dice que en la primer entrevista que le hicieron para la tv cortaron lo que a su parecer es más importante: que ella hizo la sesión como un trabajo remunerado; que ella vive de su oficio fotográfico;  que para las personas transgénero como ella no es fácil encontrar sustento; que sufre faltas de respeto diariamente, etc.Y a la pregunta de cuál es la intención de la foto, responde que eso sólo lo sabe Jennifer, la modelo de la foto, pues ella fue la de la idea.

Y añade: mi intensión al ayudarla fue alzar la voz, haciendo notar dos polos tan opuestos, dos mentalidades tan distintas, mostrar cómo nos sentimos en la sociedad, crucificados de pies y manos, sin tener voz ni voto.

Al preguntarle a Kimberly si conoce las fotos de Andrés Serrano o las pinturas de Felicien Rops, responde que no conoce a esos autores ni a sus obras. Sería interesante preguntarle a Jennifer, la modelo, qué fue lo que la motivó a la toma de la foto en cuestión. En su comunicado a través de su página se limita a decir que “la fotografía nació en una de mis sesiones fotográficas que como pueden ver en mis distintos álbums (sic) de facebook siempre manejo tendencias distintas... Y en esta no fue la excepción.”Al parecer no hubo un cuestionamiento previo más profundo.

No importa. Si hay algo valioso en la polémica que involuntariamente han causado es que, dejando de lado a quienes siempre  insultan y condenan a la menor provocación, podemos volver a discutir sobre estos asuntos con la mayor libertad posible.(Posdata: la ilustración que acompaña esta columna es Las Tentaciones de San Antonio, autoría de Felicien Rops [1833, 1898], un dibujante, grabador y pintor decimonónico nacido en Bélgica, que se sentía fascinado al igual que Baudelaire –para quien ilustró numerosos textos- y otros tantos poetas y escritores de su generación por el abismo de la carne.

Eran épocas en que el cuerpo tenía una carga pecaminosa aún más grande que en nuestros días, y en sus obras mezcla a partes iguales el sexo, la muerte y la religión con el gran sentimiento de culpa con que las doctrinas lastraban y lastran a sus creyentes). 


flaviobecerra@hotmail.com