NEFELIBATA

DAÑO ACUMULADO

En las próximas elecciones de junio contienden cuatro exalcaldes de Torreón. El panista Jorge Zermeño, va de nuevo por la presidencia municipal y los tres restantes por la gubernatura de Coahuila. 

Tanto Miguel Ángel Riquelme del PRI, Guillermo Anaya y José Ángel Pérez (JAP), ambos del PAN, fueron ediles y hoy aspiran a la gubernatura, y aunque este último abanderó la propuesta por el PT, al final declinó a favor del candidato de Morena, Armando Guadiana Tijerina.

A simple vista la situación permite apreciar que los partidos tienen un déficit de caras y discursos nuevos que ofrecer al electorado. Más allá de las preferencias electorales de cada ciudadano, se puede hacer un rápido recuento de las cosas que quedaron a deber en su ejercicio como alcaldes de Torreón y, sobre todo, de los daños que sus decisiones y omisiones han ido acumulando como una costra de sedimento sobre la ciudad.

Desde luego, cada administración ha logrado ciertas cosas y construido obra pública que podemos disfrutar, aunque esto sea precisamente su obligación y no una obra de caridad para con la sociedad. Además, es cuando se hace el balance entre gastos y obras entregadas, que las cuentas no cuadran.

Quizá la asignatura pendiente más escandalosa sea la del drenaje pluvial. Cada año la naturaleza se encarga de recordarnos que en La Laguna pueden pasar meses o incluso años sin precipitaciones y en una sola descarga de lluvia puede caer toda el agua de un año.

Los daños recurrentes que generan las inundaciones en los bienes patrimoniales son inmensos. Por eso, cuando vemos que Mery Ayup, primer regidor con licencia y hoy candidato para alcalde, hace la promesa de “Por el drenaje que necesitamos” dan ganas de agregar: “...y que Riquelme no construyó”. Para el escritor J.R.R. Tolkien, la destrucción de la naturaleza era un signo inequívoco de maldad. Y es que ecología es el renglón más descuidado por los municipios, incluso más que el cultural. 

Nos quejamos de las altas temperaturas que sufrimos, pero la idea que los ayuntamientos tienen del desarrollo es la de la plancha de cemento y asfalto. La Plaza Mayor, obra iniciada en la administración de Eduardo Olmos, es un enorme comal de concreto sin áreas verdes significativas. Los pocos árboles de la plazuela Juárez fueron talados de una forma irracional.

Irracional fue también la depredación que se realizó durante el periodo de Guillermo Anaya. Para la remodelación de los bulevares Independencia y Diagonal Reforma, fue cortada una elevada cantidad de grandes y frondosos árboles. 

Durante el mismo periodo fueron talados también los árboles que estaban en los laterales exteriores de los camellones de la calzada Colón. Eran tan altos y frondosos que hacían techo sobre el andador peatonal de la calzada y servían de refugio a grandes cantidades de aves.

Como para evidenciar que los intereses de Anaya no estuvieron nunca en el cuidado de las áreas verdes, cuando su administración emprendió la construcción de la nueva barda perimetral del Bosque Venustiano Carranza, se le cuestionó el por qué no emprendía una campaña de reforestación al interior del parque. “Esa no es responsabilidad del Ayuntamiento”, respondió.

En su momento se señaló que la empresa constructora encargada tanto de esta barda perimetral como de las obras en el Independencia y en la Diagonal eran propiedad de un familiar de Anaya. El chiste se cuenta solo.

La administración actual, la del alcalde con licencia Miguel Ángel Riquelme, y continuada con Jorge Luis Morán, presenta como uno de sus grandes logros en obra pública el Corredor Comercial Morelos. 

Al respecto se han hecho ya bastantes señalamientos en cuanto a la calidad de los materiales utilizados, el equipamiento urbano, señalética y un largo etcétera. Quizá su punto más cuestionable sea la alteración y el derrumbamiento de algunas fincas sobre la avenida para la instalación de bares. Desde 1996 existe un Reglamento de Protección de Conservación del Conjunto Histórico y Patrimonio Constructivo del Municipio de Torreón. En él se especifican las normas para cuidar el patrimonio histórico y arquitectónico del Centro Histórico de la ciudad.

Reglamento que no hace falta decirlo, se respeta muy poco. Cada año la ciudad es testigo de cómo sus fincas, edificios y monumentos se alteran, ocultan de forma grotesca y se destruyen.

En la administración de José Ángel Pérez fueron cerradas, entre el bulevard Revolución y la avenida Juárez, las calles Cepeda y Valdés Carrillo para construir “tabaretes” y reinstalar en ellos a los numerosos comerciantes ambulantes que trabajaban dispersos por el centro. La medida no pudo ser más desafortunada y paupérrima. 

Hoy día muchos de estos negocios están desocupados y por las noches vuelven peligrosas las calles en grado sumo. El mismo alcalde tuvo la idea de colocar en algunas avenidas del centro un pavimento con textura cuadriculada, a imitación de un empedrado. La justificación era que esa apariencia colonial sería un detonante turístico.

Con ese mismo argumento también anunció que sobre las fachadas de los edificios céntricos se instalarían escenografías estilo lejano oeste. Fue una suerte que su periodo terminara antes de poder perpetrar eso.

Estas decisiones ponen de relieve un desconocimiento de la historia de la ciudad y de sus valores arquitectónicos. Torreón es de las muy pocas ciudades fundadas durante el porfiriato y es la que cuenta con más edificios de los estilos de las primeras décadas del siglo XX.

Por último, por su valor simbólico se puede agregar a este listado la demolición de la Plaza Cívica para construir lo que será una estación del futuro metrobús. El Torreón moderno que ahí se encontraba fue removido y Jorge Luis Morán hizo oídos sordos a las protestas de grupos de ciudadanos. Con esto se cierra por ahora este apresurado y superficial recuento de daños.


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