Dobleces

Transportistas

Ayer los transportistas retaron nuevamente a la autoridad. Bloquearon varias calles importantes de la ciudad capital y ocasionaron un grave caos vial. ¿De qué se trata este movimiento?, es lo que se pregunta la ciudadanía.

¿Por qué?, mire usted amable lector, si existe un sector de la economía que ha agraviado hasta el cansancio a la población es justamente el del transporte. Los choferes de las unidades de transporte público parece que gozan de un fuero especial, circulan a la velocidad que les da la gana, no les importa utilizar hasta el cuarto carril en avenidas como Morelos, levantan pasaje donde mejor les parece y todo esto lo hacen en la mayor impunidad.

Se quejan los choferes, que no los transportistas, de que la Secretaría de Movilidad les ha incautado algo así como como cien unidades y las han mandado al corralón. Pecata minuta podríamos decir, frente a los agravios que han cometido contra la sociedad.

En épocas preelectorales hay que pensar las cosas con doble sentido o triple siempre. Los transportistas son un sector de la sociedad que no dan un paso sin huarache como dice el dicho popular. Incrustados como están la mayoría en el partido en el poder y otros grupos en la oposición, siempre encuentran la manera de torcer la ley a su antojo.

Recordemos que algunos de los grandes movimientos de reivindicación social como el "Movimiento Popular Francisco Villa" en la ciudad de México, "Antorcha Campesina" en Puebla –y desde ahí a todo el país– y el Movimiento Estudiantil Ignacio Manuel Altamirano, en el Estado de México en la época de Emilio Chuayffet como gobernador, surgieron precisamente al amparo del poder, no como movimientos contestatarios, sino como grupos de presión, que luego terminaban negociando con el poder en turno en sus áreas de influencia.

No sería nada raro que este movimiento de transportistas, surgido de la nada, fuese impulsado precisamente desde el poder para apoyar a un secretario débil o con problemas de legitimidad o para apuntalar políticas del régimen.

En medio de todo esto se encuentra el usuario, afectado desde siempre por la forma como se conducen los choferes, amparados siempre por el fuero de sus patrones y los automovilistas que tienen la desgracia de cruzarse en su camino.

No nos dejemos llevar por la primera impresión, los choferes están protestando, sí, pero para salvaguardar los intereses de sus patrones. El día que los dueños del transporte queden desligados del poder público, ya sea a través de su militancia en los partidos políticos o a través de las dádivas a los candidatos, en ese momento podremos tener la seguridad de que podremos disfrutar de un transporte público eficiente y de calidad.