Elitismo para todos

De unos sobre otros

“Casi todos los hombres son esclavos, por la razón que daban los espartanos de la servidumbre de los persas: el no saber pronunciar la sílaba no; saber pronunciarla y saber vivir son los dos únicos medios de conservar la libertad y el carácter”

El arte perdido. Según Ernst Jünger, citado por Luc-Olivier d’Algange, el arte de vivir es el arte de no aburrirse nunca. Y el olvido de una “ciencia original” descrita en su magistral novela Heliópolis es la causa fundamental del tedio posmoderno y del horror que ello presagia: “El universo, tal como se ofrece a nuestros ojos, no es más que una de sus innumerables secciones posibles. El mundo es como un libro: de sus hojas incontables solo vemos aquella por la que está abierto”. Pero no a todos, señala el comentarista, les es dado saber voltear las páginas: tal es el objeto de la metafísica experimental. Metafísica, en tanto que la concepción de un universo de secciones múltiples más allá de la percepción inmediata o establecida, y experimental, en tanto que se trata del arte de pasar de una sección a otra. El discretísimo intervalo de la vuelta de las hojas es lo que algunos filósofos llaman intuición y ciertos escritores definen como epifanía.

Lo que se sabe. “La obra de Jünger puede leerse como un arte de vivir cuya virtud fundamental sería celebrar el reencuentro de la persona y su destino. Estamos aquí en las antípodas de esas teorías de la modernidad que quisieron hacernos creer que nuestra vida personal está desprovista de sentido, que la única forma de existir en este mundo es inscribirse en el ‘sentido de la historia’, despreciando la naturaleza y sus dioses, como si debiera prevalecer un inmenso olvido que reduce a los hombres a no ver ni comprender nada, fuera de ellos mismos, en una delectación narcisista, delante de pantallas mentirosas”. (Luc-Olivier d’Algange.)

Lutero en el islam. Y es una mujer, además. Ayaan Hirsi Ali, pensadora y activista musulmana somalí, propone cinco tesis para reformar al islam, “clavadas en una puerta virtual”: 1. Garantizar que Mahoma y el Corán se prestan a la interpretación y a las críticas; 2. Dar prioridad a esta vida, no a la vida después de la muerte; 3. Limitar la sharía (el dogma rígido, literal e integrista impuesto por una versión del islam que se conoce como wahabismo o salafismo) y poner fin a su preponderancia con respecto a la ley seglar; 4. Poner fin a la práctica “ordenar lo que está bien, prohibir lo que está mal”, y 5. Abandonar el llamamiento a la yihad (la guerra santa contra los infieles). Este proceso de reforma, una batalla de ideas como el surgimiento del protestantismo representó en Europa, está en marcha a pesar de la barbarie brutal del salafismo yihadista del Estado Islámico y de las atroces variantes islámicas de Al-Qaeda. Ante ello, Tahar Ben Jelloun, escritor marroquí, habla del islam que da miedo (los dos, Hirsi Ali y Ben Jelloun en El País 12.04.15), aquel que trata de imponer el siglo VII en la época moderna: “Uno no puede desplazar los contextos y la historia a su antojo. En cambio, el Estado Islámico actúa como si los 15 siglos que nos separan de la aparición del islam hubieran sido borrados de un sablazo mágico”. De ahí su imposibilidad para triunfar definitivamente pues ni el tiempo ni la historia regresan: fluido ininterrumpido en constante movimiento.

El eterno retorno. Quien no parece pensarlo así es Fernando del Paso, quien, en el reciente homenaje que se le rindió al cumplir 80 años, dijo que no cambiaría una sola coma ni de su literatura ni de su biografía y que de ser el caso las viviría de nuevo igual. Hay otro tipo de gente que, sin duda, enmendaría muchas cosas si tuviera tal oportunidad. El mero hecho de volver a vivir lo vivido es vivirlo distinto. Lo sabía el filósofo griego: nadie se baña dos veces en el mismo río, así el anhelo fáustico clame al instante que se detenga por ser tan hermoso. Detenerse, sin embargo, no es repetirse otra vez.

Sabiduría de Chamfort empleada por Cyril Connolly. “Casi todos los hombres son esclavos, por la razón que daban los espartanos de la servidumbre de los persas: el no saber pronunciar la sílaba no. Saber pronunciar esta palabra y saber vivir son los dos únicos medios de conservar la libertad y el carácter”.

Filosofía romántica. “Cuando doy a las cosas comunes un sentido augusto, a las realidades habituales un aspecto misterioso, a lo que es conocido la dignidad de lo desconocido, a lo finito un aire, un reflejo, un resplandor de infinito, las romantizo. Es la operación inversa para lo sublime, lo desconocido, lo místico, lo infinito —ahí la relación establecida es logarítmica— pues esa operación les da una expresión corriente”. (Novalis.) 

Perseverancia. Como diría aquél: arriesgándome a no existir, yo prefiero resistir.

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