Elitismo para todos

La sociedad cansada

La rabia colectiva cuestiona el presente en cuanto tal; dicho cuestionamiento es global, con particularidades mexicanas: una crucifixión propia que arrastra siglos de corrupción e injusticia impunes.

1. Los vándalos grafitean las pinturas rupestres del macizo montañoso de Tradart Acacus creadas hace 14 mil años. El símbolo del acto queda precipitado en la descomposición de la época, esa sustancia que hierve a temperaturas cada vez más elevadas en el caldero tardomoderno. O que danza cada vez a mayor velocidad.

2. Cualquier horóscopo secular mexicano conduce al horror indiferente mientras no nos toque el país donde, en palabras desencantadas del subprocurador de Derechos Humanos, renunciante a su puesto por imposibilidad formal y dolor intramitable, se delinea la otra lógica sufrida por varios miles de desaparecidos: reclutamientos forzosos para la guerra criminal, secuestro y trata de personas, mano de obra para la producción de droga, sicariato obligado. Ese otro México es el horror activo.

3. Aunque es el mismo país o su reverso paradójico, que salió a la superficie luego de estar incubado y oculto como un huevo de serpiente. Tal conducta en la polis es omisión, así que hemos sido colectivamente omisos para curar la patología social mexicana y esta insurrección de la desigualdad, esta erosión del Estado capturado por poderes criminales y fácticos, este desvanecimiento de cualquier imperativo moral que se celebra como espectáculo, el número distractor de siempre ahora en pantallas de plasma para los circos masivos: que los oprimidos admiren a sus opresores.

4. Y sin embargo, aquella tensión acumulada en la historia nacional surge aquí y allá sin pausa, tanto porque la gente y las comunidades han llegado a su límite como porque la voracidad del capitalismo, de los políticos y de los criminales es ilimitada. En Tailandia la población resistente al golpe de Estado militar hace el saludo del pueblo desfavorecido en Los juegos del hambre. Los militares golpistas prohíben el gesto y encarcelan a quienes desobedecen. Semióticas públicas del hartazgo planetario.

5. Su virtud, si alguna tiene, es que el conflicto nacional ha salido con tanta violencia al escenario para establecer una pregunta: ¿cuál será el desenlace? a) La victoria policiaco-militar del régimen sobre el crimen organizado y la pacificación del país; b) La victoria del crimen organizado sobre las autoridades formales; c) Un estado de inestabilidad mantenido y administrado hasta donde sea posible.

6. José Manuel Mireles, líder de las autodefensas michoacanas, habla con inesperada claridad. Ya antes observó una carga semántica en el nombre del movimiento armado, que la hacía rechazable para el gobierno pues le recordaba su incumplimiento de seguridad ciudadana, su fracaso esencial. Ahora denuncia ante universitarios que Michoacán continúa en guerra y que el comisionado gubernamental montó un teatro donde siguen actuando delincuentes, negocios criminales, violencia, extorsiones, secuestros, así las cifras maquilladas y los patibularios arrepentidos digan que el horror disminuyó. Es de nuevo El gatopardo: que todo cambie para que todo siga igual.

7. El atrevimiento del personaje lo hace muy vulnerable. Esa aureola está relacionada con el discurso mismo y su doble condición: diacrónica, pues sucede en una época, y sincrónica, pues ocurre sin tiempo. Diacrónica: si lo que dice Mireles es verdad, la situación es grave y revela una corrupción estructural, la de un estado criminalizado. Si no es verdad no importa, aunque las evidencias empíricas estén ahí. Sincrónica: el valor, como virtud personal y civil para denunciar un estado de cosas de tal dimensión, un atributo heroico ahora tan escaso. La valentía social actúa en el orden de los arquetipos.

8. Ciertos pulsos indican circunstancias en desarrollo. Un lector manda una carta a una revista donde cuenta haber sufrido un abuso policiaco. “¿Tendremos que organizarnos como autodefensas contra ellos?”, pregunta al final de su fundada e ignorada queja. Un territorio de indefensión social y su desenlace, formulado todavía con atemperamiento interrogante, surge en medio de una sociedad cansada de sufrir aquello que todavía percibe como evitable.

9. La rabia colectiva cuestiona el presente en cuanto tal. Dicho cuestionamiento es global, con esperpénticas particularidades mexicanas: una crucifixión propia que arrastra siglos de corrupción e injusticia impunes. El cansancio social es violencia porque destruye toda comunidad y cercanía, destruye el lenguaje: incapacita, dice Byung-Chul Han, para hacer algo. Las épocas tienen enfermedades emblemáticas. La nuestra es la del hartazgo cansado, la del cansancio harto, la de la sobrevivencia.

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