Elitismo para todos

La "otra" historia /y II

Estamos moviéndonos en un matadero: no existen principios, solo sucesos; no existen leyes, solo circunstancias; todo está oculto en la superficie y un acuerdo de mentes enloquecidas ha levantado una realidad paralela.

Ioan P. Culianu abogaba, dice Anton, su biógrafo, por la perspectiva de una historia compleja: diferentes versiones desde los puntos de vista de muchos participantes distintos, viendo hacia adelante cada acción como potencialmente verdadera, coexistente, aceptando a) que las percepciones dan forma a la historia; b) que el tiempo revela la verdad, y c) que las falsificaciones pueden cumplirse por sí mismas.

Desde ahí ¿cómo puede explicarse el imperio del crimen impuesto en México? La teoría jurídica moderna establece que la esencia del Estado consiste en que no puede tolerar ningún poder superior a él (Treitschke). El crimen organizado le ha arrebatado el monopolio de la violencia al Estado mexicano. El Estado ha perdido y sigue perdiendo su esencia, y no logra contener, menos vencer, al poder emergente que lo reta. ¿Por qué? ¿Quién es el protagonista de esto? O más bien: ¿qué es el protagonista?

La semiótica del crimen organizado, aquella con la que escribe sus mensajes y acciones, con la que opera, es la violencia. Sangrientos signos y profundos símbolos actúan en ésta: además del terror, el mal absoluto (total ausencia de bien) que significa y el miedo colectivo que esparce a su alrededor, los cuales se vuelven política (Política y delito, Enzensberger).

Pueden citarse múltiples causas como partes aisladas pero sinérgicas de un rompecabezas de la complejidad, donde se ensaye alguna respuesta totalizante sobre el por qué, el quién y el qué de una putrefacción social que avanza sin detenerse:

1) La impunidad y la corrupción, males ancestrales mexicanos; 2) El vínculo orgánico entre el gobierno y el crimen, los pactos documentados de presidentes, hermanos de presidentes y capos de los cárteles del crimen; 3) Las lesiones cognitivas producidas por la televisión duopólica nacional, incansable maestra hipócrita del crimen y la violencia; 4) Los flujos monetarios del crimen organizado, dinero negro que integra el sistema económico-político; 5) El voraz culto al dinero, sobresocializado por las industrias de la conciencia; 6) La quiebra del sistema educativo neoliberal; 7) El visible y a la vez oculto y profundo proceso económico de concentración y transferencia iniciado hace tres décadas en el país; 8) El predominio social inducido de la imagen sobre la reflexión, sobre la abstracción; 9) La pérdida de un recurso conceptual común: “solo relaciona” (Forster); 10) La relativización de la depravación como práctica individual fomentada por las industrias de la conciencia; 11) La perversión de las iglesias materialistas espirituales; 12) La cesión cultural mediática hacia la narcocultura; 13) La activa complicidad de la clase política, por omisión y comisión, con el crimen organizado; 14) La tara histórica de la inaceptación orgánica mexicana, su desigualdad abismal; 15) El laberinto sentimental caracterológico de los mexicanos donde “el que no cae, resbala”; 16) La inducida confusión entre causas y efectos como forma invariable de la comunicación; 17) La construcción mental monolítica del consumidor egoísta; 18) El misterio activo de la antigua, estrecha y oscura dependencia entre asesinato y política; 19) La administración intencional del horror y la violencia como acción pública subterránea; 20) El síndrome político de los aprendices de brujo, cuyas malévolas creaturas se multiplican y los rebasan; 21) La idiosincrática imposición de que no puede hablarse de crimen donde no hay ley; 22) El fracaso evidente y patológicamente negado de la farisaica guerra anglosajona contra las drogas; 23) El reemplazo irreparable del ciudadano por el consumidor; 24) La cancelación del tiempo existencial por un “ahorismo” enajenante; 25) La mutilación impuesta por el regreso de dioses arcaicos como Tezcatlipoca; 26) La fatalidad geográfica del territorio mexicano, un traspatio imperial; 27) El estilo nacional como la huella de lo que es sobre lo que se hace; 28) El culto a la satisfacción inmediata del deseo y su “democratización” mediática; 29) La corrupción del lenguaje.

Aún sin liturgias, estamos moviéndonos en un matadero: no existen principios, solo sucesos; no existen leyes, solo circunstancias. Todo está oculto en la superficie y un acuerdo de mentes enloquecidas ha levantado una realidad paralela: se mata por razones inventadas, así las muertes sean brutalmente reales. Culianu indagó la estrecha relación de los pensamientos interiores y los acontecimientos públicos que suceden. Entre nosotros hay una.