Elitismo para todos

La condición de estar

Un sueño importante del año: logro elaborar un sistema cósmico en la sala de mi casa, con astros y planetas; al expandir su órbita y sacarlos al exterior, el sistema desordena sus trayectorias y al fin desaparece.

Leo por ahí que son las tendencias esquizofrénicas las que llevan a la proclividad hacia la magia, la esoteria, el ocultismo. Sí, uno debe estar un poco loco para buscar reversos en las cosas, el doblez entre lo que se percibe y el modo en que se percibe: la otra cosa que hay en las cosas.

La tradición afirma que somos estados de conciencia, y la filosofía empírica europea y la cultura occidental creen lo mismo. Es decir, que no hay en la persona nada, ningún lugar que se pueda llamar “yo”. Que solo es un proceso en el que ocurren múltiples eventos. Alguien llama al yo una hipótesis inútil.

Por estos días finales del año se multiplican los balances y surge el coro de los buenos deseos, los cuales hoy llegan, platicaba hace poco con una amiga, a la mera nostalgia hasta por el día de ayer. O sea, la incógnita radical del mañana. Sin embargo, las buenas vibras se reparten intensamente entre diversos registros periodísticos. Se venden anuarios astrológicos y algunos poco consultan el I Ching. Domina la manía humana, ahora más acentuada cada vez, de la inquietud (prognosis, doble mirada) por el futuro.

Muchas de esas opiniones están escritas en primera persona. Así que el yo no existe: quizá por eso así escribamos. Se extienden actas de defunción del zapatismo por una derecha simpática y otra atroz, se reflexiona sobre el valor de la opinión cambiante al modo posmoderno: no hay hechos, puras interpretaciones. Se escribe sobre el valor personal de lo que se escribe (la gente les pregunta: “¿Y usted cómo le hace para ser tan admirable cómo es?”). Se justifican y defienden las decisiones de la privatización petrolera sin restricciones, como si fuera un hecho natural, único, sin otra posibilidad. Se piensa de un modo tan hegemónico porque opera un engranaje incesante que sobresocializa mentiras repetidas tanto que se convierten en verdades —entre otras cosas que la posmodernidad heredó del nazismo está el mecanismo publicitario de convencimiento general.

El género del blog, del diario cibernético, donde un punto de vista personal habla, es un género propio de la época, como de la modernidad lo fueron el ensayo y la novela. Pero vayamos al punto: es difícil participar de esas corrientes positivas —posmodernidad celebratoria, se dice ahora; en el siglo XIX la prensa obrera llamó a sus practicantes “sacerdotes del poder”, y años atrás un penetrante teórico político los definió como “intelectuales orgánicos”—. Se impone la sociedad del espectáculo que encoge a todo y a todos para convertirlos en imagen, lo mismo que se encoge el Estado mexicano cediendo su soberanía sobre los recursos energéticos al gran capital.

Esa es la tarea que cumplirá este otro presidente-gerente, tecnócrata y modernizador como Salinas: privatizar lo que falta del poder. Hace 20 años se levantó en armas el EZLN. Hoy las autodefensas avanzan en Michoacán, extrañas coaliciones de gente armada cuyo discurso es verdadero pero quién sabe si sea cierto. En un proceso histórico mucho más dilatado que lo inmediato —en el cual, efectivamente, es muy difícil creer dado el valor absoluto de la filosofía del éxito y la victoria que actúa en nuestros cerebros—, el alzamiento zapatista cuenta activamente en la nómina de las insurrecciones de los oprimidos contra los opresores, ninguna triunfadora todavía, pero por dicha razón todavía posibles, pendientes de ser.

Un maestro que no hace concesiones afirma que el pesimismo y el optimismo son posturas emocionales. Propone en cambio una perspectiva realista, no sentimental de las cosas. Yo escojo entonces un sueño importante del año, que cumple como balance general de lo vivido: sueño que he logrado elaborar un sistema cósmico en la sala de mi casa. Pequeños astros y planetas orbitan alrededor. Cuando decido expandir su órbita y sacarlos al exterior, el sistema desordena sus trayectorias y al fin desaparece.

Visible moraleja: la verdad interior y no la acción pública. La construcción de una retirada existencial consistente en desaprendizajes y desprendimientos, calcinación de viejos hábitos, autoimágenes, ideas prefabricadas, miedos, anhelos artificiales. Reformular las suposiciones, reducir las necesidades: buen vino, poco lujo y una mujer fiel, en una casa limpia y sencilla, donde no haya deudas ni amoríos ni trato con los pillos. Y un propósito de Año Nuevo: “Tomar todo como soporte (envoltura figurada) del conocimiento”. La condición de estar o la democracia cognitiva.

fmsolana@yahoo.com.mx