Elitismo para todos

Pequeñas joyas

La tarea asignada a la literatura es descomunal pero posible; en el genio de los rusos, analizado por Carmen Castellote, radica un horizonte histórico que representa, anticipa y elabora una literatura como una democracia cognitiva, lírica y trágica.

El valor del texto es duradero, si se acepta esta determinación tan evanescente e imprecisa en una realidad donde nada perdura. Pero ciertas cuentas cronológicas, las que se dan los hombres para imaginar que quedan fijos en el tiempo, duran mucho más que otras. Ocurre a su modo con los libros, cuya vida propia es intermitente: otra forma de la duración, un ir y venir. El libro se ha ido cuando está cerrado y regresa cuando se le abre otra vez.

Tengo una querida y sabia maestra y amiga, Carmen Castellote, que escribe con excelencia. Me envió dos de sus libros: De Pushkin a Tolstoi y Mayakovski (Universidad Obrera de México, México, 1987), un libro de ensayos, y Ristra de magdalenas (Edición de autor, México, 2015), una selección de cuentos. Como se ha dicho, el ensayo es una prueba entre elementos que ya son conocidos, pero que van a ser interpretados, contados de otra manera: se va a ensayar con ellos una nueva combinación de palabras, de aproximaciones. Todo es un texto, una permutación.

En algunas líneas de gran fortuna, como sucede a lo largo del libro, mostrando siempre su autora el dominio prosístico de un estilo que logra no parecer serlo, así de bueno es, al hablar de Gogol y su esencial obra ElCapote —narración, como ella indica, de importancia trascendental en la literatura rusa, “que sintetizó Dostoievski en aquello de que ‘Todos salimos de El Capote’, frase y derrotero literario”—, Carmen Castellote escribe: “Ese Gogol ucraniano, ruso y universal, que contribuyó, con los otros grandes escritores rusos, a hacer de la literatura la ley fundamental de su país, la primera Duma”.

La tarea asignada a la literatura es descomunal pero posible. Solo el genio de los rusos, analizado por la autora y en el cual radica un horizonte histórico que representa, anticipa y elabora un proceso de tantas direcciones como vendrá a suceder: una literatura como una democracia cognitiva —y lírica y trágica: cargada de sentido a la máxima posibilidad— de donde surgirá el nuevo paisaje de la época, el mainstream cultural determinante.

Una muestra. Señala Carmen Castellote que el uso del diálogo por Dostoievski, quien en sus obras reemplazó al monólogo hasta entonces predominante, fundó la novela polifónica que años más tarde un crítico literario genial, Mijail Bajtin, explicará como la estructura propia de ese agitado océano en el que se multiplican los modos de narrar y las voces narrativas. La polifonía, una categoría descriptiva y operacional que abarca todo lo existente, supera el hiato, proponiendo un modo para ello, del conflictivo misterio de la condición humana: la separación entre el sujeto y el objeto.

De esa manera la crítica ensayística literaria ha venido explicando cómo el mundo de la posmodernidad moderna se va haciendo antes de hacerse. En mucho lo ha elaborado al anticiparlo. La polifonía, un mero cambio básico de las voces actuantes: pasar de la una a las varias. Surge el coro social, cultural y cognitivo, el único antídoto y la profunda fuerza en tensión contra su contrario predominante: la voz aislada, única del soliloquio del individuo encapsulado, para obtener en su lugar una sinfonía de solistas donde las voces interactuando hacen surgir otro nivel de lo real verdadero, otro estado colectivo del ser: desde lo sabemos todo entre todos hasta la cultura como aceptar que el otro también tiene, puede tener razón. No se pierde, se multiplica la voz personal.

Al final, este delicioso y sapiente libro ofrece, traducida por Carmen Castellote —es notable, como todos, el texto “Las mujeres en la literatura rusa”, tan femenino y entrañable—, la obra poética de Mayakovski, el adelantado autor, sobre la que dice la ensayista: “Sus versos originales, extravagantes, agitados, ni el poeta mismo los pudo matar con el revólver que puso fin a su vida. Están en todos los idiomas, como látigos mojados azotando a los enemigos, internos y externos de su patria socialista”. Extraña perfección del lenguaje, más allá del patriotismo.

Los cuentos de Carmen Castellote merecen uno o más textos independientes. Ristra de magdalenas, un título resonante de Proust, contiene el cuento “Aglaya” que honrosamente me está dedicado. Hice el experimento de saber si eso enturbiaba mi criterio. La belleza es evidente por ella misma, encima del aprecio emocional. Y un soberano factor, de escala polifónica y pequeño formato: edición de autor: “El verso/ con el fragor del combate” (Mayakosky).

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