Elitismo para todos

Paradigmática

Todos los campos del saber y la experiencia se verán modificados por la certeza creciente de que la mente, la conciencia, un atributo inmaterial, tiene efectos materiales sobre el orden físico.

Los mismos pensamientos, tenidos una y otra vez, cimentan en la red neuronal del cerebro profundas conexiones que definen a la persona en cuanto a su identidad y así conducen su destino. Una poderosa y compleja red de sinapsis neurofisiológicas e intercambios bioquímicos construida, en gran medida, a través del diálogo interior y los pensares de la época. En el primero se establece la idea de que la persona se forma de sí misma, el autoconcepto (“eres como eres porque te dices a ti mismo que así eres”); en los segundos se anidan los pensamientos colectivos, lo que Byung Chul-Han llama “la dictadura del consenso” y que Murena define como los pensamientos de la época que nos piensan, el sistema de ideas o la ideología común en un momento histórico.

Ciertas escuelas indican que esa es la primera operación a realizar: cobrar conciencia de que uno es lo que piensa, y a continuación cobrar conciencia de que uno puede dejar de pensar lo que piensa. ¿Cómo? La más antigua definición del yoga dice que esto se logra mediante la suspensión voluntaria del flujo mental, un ejercicio de meditación que genera el crecimiento de la masa encefálica, sobre todo en el lóbulo frontal, donde se operan las funciones de la conciencia superior. Esto confirma la existencia de la neurogénesis y de la plasticidad neuronales recientemente descubiertas por la ciencia occidental, así como la renovada vida de la mente conocida desde antaño por la psicología oriental.

Para lograrlo debe tenerse una práctica estructurada, una técnica invariable. Su ejercicio diario va profundizando la limpieza sináptica, la corrección de las denominaciones que la mente realiza, el desaprendizaje de sus rutinas y la desautomatización de sus pasos. Ello permite separar el pensamiento que llega a la mente de cualquier reacción bioquímica o conductual que ante él se genere: simplemente se lo ve y se lo deja pasar.

Al cabo de un tiempo esos pensamientos (llamados “irritantes psíquicos” por el budismo) dejarán de llegar al plano mental, pues la equivocada sinapsis neuronal en que se sostenían desaparece, pues la red neuronal de la mente se transforma: todo organismo conoce, así sea potencialmente, su mutabilidad. Sucede entonces el único milagro posible: el cambio estructural de actitud. Cuando yo es otro, como diría Rimbaud.

La materia está entrelazada, como lo demuestra el “espeluznante efecto distancia” mencionado por Einstein: aquel fenómeno en que dos partículas lanzadas hacia lugares opuestos del cosmos responden de modo instantáneo ante cualquier acción ejercida en una de ellas, negando radicalmente que exista tal cosa como la distancia, pues todo está en contacto todo el tiempo de una manera que escapa todavía a nuestra comprensión.

Comienza apenas el traslado de tales conocimientos (“El entrelazamiento no es una propiedad del quantum, sino que es la propiedad”: Erwin Schrödinger) a otras áreas de la experiencia como los sistemas biológicos, sociales o globales. Y aunque hay quienes creen que esas extrapolaciones de la física cuántica son meros buenos deseos de la incipiente filosofía de la New Age, lo cierto es que trazan claramente, como diría algún autor, una línea divisoria entre el viejo paradigma racionalista y mecánico de un universo desconectado y muerto, y el nuevo paradigma en desarrollo acerca de un universo interconectado e intrínsecamente vivo. De tal modo que no parece nada improbable o alocado postular que las mentes se entrelacen y que efectivamente exista un campo mental unificado como desde hace miles de años han establecido los Vedas o el budismo, entre otros métodos de conocimiento que parten de la unicidad de la materia y de la energía, de su origen y procedencia esenciales.

En suma, todos los campos del saber y la experiencia (psicología, sociología, biología, economía, teoría de sistemas, ética, teología, política) se verán modificados por la certeza creciente de que la mente, la conciencia, un atributo inmaterial, tiene efectos materiales sobre el orden físico. De alguna manera, hasta la Babel posmoderna de interpretaciones con su deconstrucción obsesiva ha sido una preparación conceptual para entender la multiplicidad de lo existente, “la jerarquía anidada de sistemas coherentes, conectados no-localmente, entrelazados” que conforman a la naturaleza, según Ervin Laszlo.

La conclusión perentoria es que todo está conectado con todo. Aceptarlo es el primer paso en la metamorfosis de la conciencia: el otro modo de pensar.

fmsolana@yahoo.com.mx