Elitismo para todos

Interpuesto

El momento histórico mexicano está definido por la complejidad, que se presenta con los rasgos perturbadores de lo enredado, del desorden, de la ambigüedad y la incertidumbre, más la violencia crónica, la corrupción impune y la injusticia orgánica.

¿Hasta dónde llegará el alud de desaprobaciones y señalamientos, una de cuyas frases síntesis elegida al azar entre tantas como hay es ésta: las escaleras se barren desde arriba y solo ahí debemos comenzar a luchar contra la impunidad? ¿Cómo se mide este hartazgo público ante la miseria venal y la profunda ineficacia de la casta política mexicana? ¿Cuánto hay de ello para asignarle porcentajes y calcular sociológicamente sus consecuencias? ¿Ayotzinapa fue la gota que derramó el vaso, o eso es equivalente a pensar que se derrama apenas lo que tiempo atrás ya estaba derramándose? ¿Por fin la indignación idiosincrática mexicana, esa denuncia del otro como coartada moral y pretexto para no hacer nada, se convertirá en una fuerza política mayoritaria transformadora, en un tumulto cultural de corrección y adecentamiento? ¿O eso no ocurrirá pues podrá haber ocurrido en cualquier parte del planeta y sus regímenes autoritarios o corruptos menos en México, el único lugar al cual una fatalidad histórica condenó a permanecer sometido a lo largo de los siglos por sus oligarquías políticas, económicas y criminales?

Quien esté trabajando en las matrices lingüísticas de estas horas, en las palabras-guía reiteradas, en los tópicos que construyen las opiniones colectivas, encontrará climas anímicos oscuros y entristecidos, desánimos generales y una irritación opaca propia de un momento donde se percibe que han ocurrido sucesos cuya grave significación va más allá de ellos mismos. Son doblemente inquietantes porque sus consecuencias concretas se desconocen pero no se ignora que las habrá. La sombra nacional colectiva ha salido al exterior y una vez más resultó monstruosa.

Tal vez por eso el campus universitario de Lagos de Moreno, como todos los campus universitarios nacionales, está crispado, viviendo en un estado de suspensión que subraya el carácter excepcional de estos días. En esa vivencia no hay obviedad sino sutilezas: el tiempo largo histórico que tocó el tiempo corto, produciéndose así un nudo visible y palpable, un nudo referencial en la red de fenómenos que ocurren. Sus causas eficientes pueden buscarse entre todas las hipótesis circulantes: una de ellas, Iguala como el concentrador (“el escurridero”, le llaman) de la goma de opio que abastece el mercado estadunidense, un negocio que en 2009 tuvo un “valor potencial” de 17 mil millones de dólares, desmesurada cifra que explicaría la violencia brutal en esa región productora de amapola e infestada de fosas clandestinas.

Causa parcial, a fin de cuentas, pues el momento histórico mexicano está definido por la complejidad, la cual es un tejido compuesto de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones y azares que se antojan incontrolables. Como dirían los especialistas, la complejidad se presenta con los rasgos perturbadores de lo enredado, de lo inextricable, del desorden, de la ambigüedad y la incertidumbre, más la violencia crónica, la corrupción impune y la injusticia orgánica, aportaciones mexicanas al delirante lienzo de lo actual.

La lucha por la percepción y el efecto público de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa —cuya multiplicación en las redes sociales hizo surgir una poderosa corriente de solidaridad y condena, un fenómeno político posmoderno debido a la tecnología—, la lucha por la percepción del desenlace final de este acto de barbarie, asumiendo en ella la culpabilidad del gobierno por considerarlo un crimen de Estado y afirmando así el consecuente descrédito (una forma de la inoperatividad) de su proyecto reformista, puesto entonces en segundo término, asumiendo el consecuente y justiciero descrédito de la casta política y la institucionalidad oficial, o bien llevando a cabo la enésima aplicación de la amnesia colectiva, esa vergonzosa patología del miedo y el disimulo a la mexicana que nos ha conducido a donde estamos hoy: a nuestra aterrorizada, obediente, fragmentada sociedad.

Concluye otro movimiento con la detención de Abarca y su mujer, la pareja criminal de Iguala, tierra donde los alrededores son secos y desérticos, como crece la adormidera. El clima es extraño, cual si se preparara un asalto cargado de lo interpuesto, para citar el título de este texto. La docta ignorancia es el método recomendable para tiempos en los que del escándalo sigue el escándalo.

fmsolana@yahoo.com.mx