Elitismo para todos

Giro de derviche

Las temporadas dedicadas a los pequeños detalles nutren las fuerzas; es de destacar que sea la atención el método siempre indicado por las diversas tradiciones integrales que no son accidentes de tiempo y lugar.

Una secuencia física comienza con veintiún giros. Se trata de estimular los remolinos de los siete centros de energía llamados “chakras” por los hindúes y glándulas endocrinas por la medicina occidental. Pero, sobre todo, se trata de girar hacia la derecha como peonza con los brazos extendidos sin perder el centro y obteniendo velocidad. Girar para alcanzar equilibrio, reunión hemisférica y hasta gozo infantil. Al parar, cuando se absorbe el mareo, un remolino de energía ascendente subirá por el cuerpo. Método sugerido por Richard Burton, el explorador del siglo XIX que entró a La Meca y Medina, conoció las fuentes del Nilo y tradujo Las mil y unanoches: “Abjura del por qué y trata de obtener el cómo, como un sufí”.

Dice el diccionario especializado que las doctrinas y prácticas sufíes —la vía mística del islam que se remonta hasta Mahoma y se propone alcanzar una relación estrecha con Dios— practican el dhikr, una meditación o invocación divina que puede acompañarse con un rosario, con el control de la respiración, con música o danzas extáticas como las de los derviches danzantes y giradores en la tradición del gran poeta místico turco Rumi, del siglo XIII.

Los ortodoxos islámicos reprueban todo ello. Acusan a los sufíes de panteístas, libertinos, antinómicos, descuidados de la oración, el ayuno y la peregrinación. En algunos lugares se les persiguió y los sufíes mendicantes fueron tildados de charlatanes o heréticos. Uno de los autores importantes de esa corriente, al-Ghazâlî, defiende a ultranza el conocimiento de lo otro, de la unidad, por medio de la experiencia directa y la revelación antes que por el razonamiento lógico o la cultura normativa.

Y más que modestos, en la metodología sufí también cuentan los giros. Escalera al cielo de otros estados de la conciencia que se alcanzan (o se atisban, y eso ya es extraordinario) en el cuerpo-mente del practicante, un desprendimiento de la pesadez matérica, cierta levedad y flotamiento que dejan el lastre atrás. El más conocido representante actual del sufismo divulgativo, Idries Shah, coloca la atención como la facultad inicial de ese camino espiritual. Para la novelista Doris Lessing es un sendero donde se abandona la idea del conocimiento y de lo otro como una comodidad o un consumo, se utilizan las parábolas, los poemas y las narraciones para transmitir el conocimiento, se rechaza el sentimentalismo y se desenmascaran las ilusiones.

Esta es una cita de Rûmi en En esto lo que está en eso: “El hombre tiene tres estados espirituales. En el primero no presta ninguna atención a Dios, pero reverencia y atiende a todo, mujer y hombre, riqueza y niños, piedad y terrones. No profesa culto a Dios. Cuando adquiere algo de conocimiento y de conciencia, entonces solo sirve a Dios. Luego, cuando progresa más en su estado, se vuelve silencioso. No dice ‘No sirvo a Dios’, ni tampoco dice ‘Sirvo a Dios’, pues ha trascendido estos dos grados”.

Así penetraron en el país afgano, donde uno de ellos sería rey, disfrazados de derviches danzantes vagabundos, Daniel Dravot, el degollado y efímero monarca, cuya tragedia empieza cuando es mordido por la mujer a la que obligan a desposarlo y la herida revela su condición humana, y Peachey Carnehan, los dos memorables personajes de la novela de Kipling. Derviches giradores aparecen también en Encuentros conhombres notables de G. I. Gurdjieff (y en la película de Peter Brook del mismo título) como parte de las danzas sagradas que una expedición de buscadores de la verdad encuentra todavía vigentes en un monasterio milenario escondido en el desierto del Gobi.

La primera de las diez etapas místicas sufíes es la que se llama murâqabah, atención constante. Esa y otras nueve, que se practican desde los sietes estadios del practicante, entre los que están la ascesis, la paciencia y la satisfacción, permiten obtener la unidad del ser, el logro final.

Las largas temporadas dedicadas a los pequeños detalles nutren las fuerzas. Es de destacar que sea la atención el método siempre indicado por las diversas tradiciones integrales que no son accidentes de tiempo y lugar, aquellas donde toda búsqueda filosófica o creativa debe desembocar en una realización espiritual personal, o de lo contrario será una vana pérdida de tiempo, como buscar las experiencias espirituales sin una formación filosófica previa que las integre. Veintiún giros: los modos de comprender y los modos de ser.

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