Elitismo para todos

Ecocríticas

El mundo es más extraño de lo que pensamos, de lo que podemos pensar; el pensamiento ya cambió, la civilización no todavía: un aviso de incendio en la proximidad.

Uno. Al descifrar las causas sustantivas del momento actual —kali yuga, edad de hierro, edad oscura, zona triste, época sin síntesis—, Ken Wilber refiere una entusiasmada carta de Sören Kierkegaard a propósito de las conferencias que el poeta Schelling pronunció en Berlín en 1841, ante un auditorio entre el que también se encontraban el historiador Burkhardt, el anarquista Bakunin y el marxista Engels.

En tales coloquios, que conmovieron profundamente a quienes los escucharon —“una audiencia boquiabierta, una abigarrada muchedumbre”—, Wilber cuenta que Schelling comenzó su reflexión aceptando que la Ilustración había logrado diferenciar la mente de la naturaleza, pero dijo que al mismo tiempo olvidó considerar el Sustrato unificador que orgánicamente vincula a la una con la otra. Así, el desastre de la modernidad consistió en la creación de una tajante disociación entre la mente y la naturaleza.

Esa disociación entre lo que Wilber define como el ego (la mente) y el eco (la naturaleza), cuyo paradigma es el de la representación, según el cual la mente “refleja” a la naturaleza, base epistemológica del método científico, abre una grieta entre la naturaleza, vista como objeto externo, y el yo reflexivo como sujeto. La escisión acabó convirtiendo a los seres humanos en objetos y, en palabras de Wilber, terminó deshumanizando el humanismo. Ya Schelling consideraba que cuando la representación se convierte en un fin en sí misma entonces se convierte en “una enfermedad espiritual”.

Dos. Schelling rechazó la simple regresión a la naturaleza, a la infancia, decía, de la raza humana, como forma de superar la disociación entre el ego y el eco. Y afirmó que para descubrir que la mente y la naturaleza son movimientos diferentes del mismo Espíritu absoluto hay que ir más allá de la razón. Wilber cita a Hegel, colega de Schelling, quien a continuación enseñará que el Espíritu no es Uno separado de los muchos sino el proceso mediante el cual ese Uno se expresa a través de los muchos, una actividad incesante manifiesta en el mismo proceso de la diversidad. Es el Espíritu, sintetizará Wilber, expresándose a sí mismo en el proceso evolutivo.

La fractura denunciada por Schelling, la deshumanización del humanismo, también surge desde la cosmovisión que originó la ciencia moderna, un dominio hegemónico de más de cuatro siglos. Bacon definió la ciencia como conquista del hombre y domesticación de la naturaleza, una cosa externa. Descartes postuló el predominio de la mente pensante racional dentro de la maquinaria somática, una dualidad. Newton llevó esta idea al universo, estructura gigante, reloj creado por Dios, relojero que le dio cuerda, una mecanicidad. El universo como una colección de objetos, cosmovisión dualista que sentó las bases del mundo moderno y de la filosofía industrial hasta hacernos llegar al momento de inflexión existente hoy.

Tres. Sin embargo, aunque sigue determinando el pensamiento predominante y el comportamiento social, la cosmovisión mecanicista ha sido desmantelada. El paradigma ha cambiado, y lo significativo, como opina Albert Nolan, es su carácter científico. Uno de los descubrimientos de Einstein fue que la energía y la materia eran dos formas de la misma cosa: la energía es materia liberada,  la materia es energía que espera ser liberada. El modelo mecanicista de la física suponía que la energía era una actividad o movimiento, y que la materia era una cosa. Cómo entonces, se pregunta este pensador jesuita, podía una cosa convertirse en movimiento y cómo un movimiento hacerlo en cosa.

Este es el ingreso conceptual a una realidad más misteriosa de lo que pensamos, y más misteriosa de lo que podemos pensar porque la mente humana es limitada: no puede comprender la luz, escribe Nolan, solamente tratarla como si fuera una onda, y para otros fines como si fuera una partícula. Y no es ninguna de las dos definiciones, sino algo más allá de nuestra imaginación: es un misterio, algo inescrutable por la razón.

El cosmólogo Brian Swimme ha dicho que las partículas elementales, aquellas que originan todos los fenómenos, “emergen del vacío mismo: éste es el sencillo e impresionante descubrimiento: en la base del universo hierve la creatividad”. Usa una expresión mística: “abismo que lo nutre todo”, para señalar este enigma en la base del ser.

El mundo es más extraño de lo que pensamos, de lo que podemos pensar. El pensamiento ya cambió, la civilización no todavía. Un aviso de incendio en la proximidad.

fmsolana@yahoo.com.mx