Elitismo para todos

Centro y circunferencia

La provocación y el peligro no están tanto en los pequeños y focalizados grupos violentos, sino en el propio sistema y sus sótanos, que comienzan a actuar por su cuenta cuando la impericia de la cabeza genera vacíos.

1 El gesto es muy breve: un alzarse de hombros y una mueca en la que los de pronto amargados labios se curvan hacia abajo. Lo hace dos veces entre las imágenes televisivas de una conferencia de prensa donde dice estar proponiendo el diálogo como énfasis principal. El breve tic es un punto de indeterminación o una brecha inesperada y revela, si no lo que va a pasar, sí lo que él podría querer que pase. La gestualidad de Enrique Peña Nieto al regresar de su proconsular viaje al extranjero tiene que ver con la debilidad y parálisis hasta ahora mostradas ante el aristotélico suceso: la tragedia política, el paso repentino de la felicidad a la infelicidad. Su indeterminación obedece a que son gestos incontrolados, impulsos. Como descargas eléctricas que se reprimen pero cuya causa sigue estando ahí.

2 La teoría del iceberg no solamente funciona para narradores como Salinger o Monterroso, sino en general para casi cualquier fenómeno complejo, siempre tejido de más cosas. La violencia que azota al país es una metástasis que lo toca todo: siete partes causantes bajo el agua y una sola parte de efectos visibles en la superficie. Un principio antropológico afirma que cuando los órdenes públicos mayores se desploman son los pequeños formatos los que proveen de sentido, de protección. Otro señala que las sociedades tienen viabilidad y éxito mientras sus miembros así lo crean. ¿A dónde llega una sociedad disfuncional en la cual lo contrario, el fracaso y la no viabilidad, se vuelve una afirmación constante?

3 La versión de la Procuraduría General de la República sobre la inmolación de los normalistas de Ayotzinapa y su cremación es contradicha por los diversos datos que afirman que esa noche hubo fuertes lluvias en la zona. La metáfora de aquello donde el centro estaba en todas partes y la circunferencia en ninguna es aplicable al caso de esta desaparición de 43 normalistas cuyos cuerpos no existen y las versiones al respecto de su paradero pueden unas a otras ponerse en duda. La atrocidad no es nueva, por nacional desgracia, pero esta vez resulta acumulativa y su efecto se expande de diversos modos: algunos violentos y con intención de protesta desestabilizante, como los grupos magisteriales radicales que utilizan Ayotzinapa de coartada, otros cuya condición doliente y conmovida quizá preparará alguna vez otra mentalidad humana. Utopías sobre algo que no hay. Lo que sí hay es una duda determinante entre tantas contradicciones: huesos que se calcinan cuando llueve. Y después, tan insensatamente como la misma cremación, tomándose los asesinos un incomprensible cuidado en borrar evidencias, huesos que son triturados y dispersos.       

4 Así se crea que es una mera cuestión ideológica —un punto de vista o un sesgo— cuyos efectos serán mexicanamente los de siempre (no pasa nada, o si pasa no nos afecta), el realismo pragmático vuelve a relativizar cualquier argumento: ¿el avión?, inevitable, así cuestan ahora las cosas; ¿la casa?, ay, por favor, en la colonia donde se ubica hay mansiones mucho más caras. En estos días de simplificaciones se dice que el descrédito alcanzado por el régimen es una operación intencional de grupos como el “frente Aristegui-Jornada-Proceso-Legión de Cubiculeros, que ahora ha decidido emprenderla, con sospechoso timing, habida cuenta de los 43, contra Peña Nieto”, según consigna un agudo corresponsal, ácido y penetrantemente conservador, que suele intercambiar de tanto en tanto opiniones políticas encontradas con este articulista, al cual reclama ser parte también de esa formación antipeñaniética y colaborar así a la erosión del momento.

5 Me temo que es mucho más que la acción concertada de un frente tan hipotético lo que está ocurriendo en el tablero político actual. Lo mismo la paranoica idea de que López Obrador protagoniza la escena (mi prima de Las Lomas me pregunta, con miedo deliciosamente imaginario: “Pero no van a poner a López, ¿verdad?”. Aunque estamos hablando de un presidente que dejaría de serlo, no puedo evitar reír: me fascina el fenómeno del ogro tropical que, viejo y cansado, sigue asustando buenas conciencias rutinarias: un peligro para México). La provocación y el peligro no están tanto en los pequeños y focalizados grupos violentos, sino en el propio sistema y sus sótanos, que comienzan a actuar por su cuenta cuando la impericia de la cabeza genera vacíos. Solo un ejemplo: la insensata balacera en la UNAM. Las varias agendas que surgen.

6 La aclaración de ella es una actuación sentimental. El trabajo de la linda consorte telegénica.

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