Elitismo para todos

Balance de las ramas

Este año murieron dos amigos que fueron mis maestros. Alejandro y Chema. De este último leí "El imperio perdido" con tres alumnos de Letras en el semestre y terminé deslumbrado de nuevo. Del primero recibí las técnicas meditativas y el acercamiento búdico.

Los hindúes dicen que la mente es un mono que va de rama en rama. Si no tiene objetos para mirar los inventa. Somos estados de conciencia. Algunos, muchos, se parecen entre sí y forman un patrón crónico neurótico: la persona. Donde radica la identidad aparente que se volverá, cabrón karma, destino, biografía. Hijos de nuestros actos, de ellos heredamos todo. Hasta la bioquímica por principio de analogía.

Este año murieron dos amigos que fueron mis maestros. Alejandro y Chema. De este último leí El imperio perdido con tres alumnos de Letras en el semestre y terminé deslumbrado de nuevo. Del primero recibí las técnicas meditativas y el acercamiento búdico, los contactos decisivos. Lo sigo haciendo, lo sigo viendo a diario.

Durante una época Pérez Gay, Lilia, Laura y yo hicimos un circo, el Pérez Gay-Solana, y nos dimos a la tarea de presentar ese gran libro en Veracruz y Xalapa sobre todo. Un día montamos en un cadillac que nos llevó entre risas, inteligentes confesiones y altas velocidades hasta la cálida ciudad humedecida por la lluvia ante un auditorio repleto y vibrante que se volcó al suceso. Refinadas diversiones hubo entonces, tanta alegría que pudo compensar la desdichada oscuridad del imperio contado por Pérez Gay. Leerlo ahora con otros jóvenes volvió a ser un privilegio.

Toda amistad es un pacto tácito de no decir ciertas cosas y cuando aquel termina la amistad se fractura. De ahí que no debe trabajarse nunca con los amigos. Mucho menos en algo como construir un canal de televisión cultural. La televisión afecta a la democracia y también la fraternidad entre la gente, así afectó nuestra amistad, la convirtió en pasado. Supe de sus obras posteriores, de sus cargos en el extranjero, de sus compromisos políticos, de su enfermedad final.

En su torno entonces hubo una palabra, claudicación, dicha por él o por Laura al verlo venir caminando con dificultad sobre el largo corredor minoico de su última casa. Había sido un conversador excepcional y ahora hablaba con dificultad, la posesión del lenguaje comenzaba a escapársele. Queda un libro, que permanecerá en la memoria literaria, y un recuerdo que se verá desvanecido cuando el último que lo tenga muera.

Lo vivido se convierte en karma. Transmigra la neurosis de la conciencia, dicen los budistas contemporáneos. Ahí queda la resonancia de lo hecho en la vida anterior. Son inversiones sobre el Samsara personal. O una variante de la apuesta de Pascal: apuesta que sí existe esa acción epistemológica sobre el futuro, su preparación, pues no perderás nada al hacerlo aun si cuando mueras descubres que no hay más: tu vida habrá mejorado; pero si lo haces y conoces que en efecto existe el Samsara, habrás podido actuar sobre él mejorando tu presente. O si apuestas en contra y descubres que sí existe. Es una elección.

De Alejandro supe menos y mucho más en los últimos años, pues siempre estuve cerca del proyecto impulsado por él: construir una plataforma masiva de aprendizaje de la meditación theravada y difundir sus derivaciones en medicina del comportamiento y reducción del estrés mediante la atención plena, su psicofisiología de la atención. Traer al budismo histórico a este país para fundar un monasterio que enseñara a meditar a quienes lleguen. Y hasta hoy llegan muchos.

Ellos reúnen dos polos, dos extremos en contacto: uno es el intelecto, el héroe público, y el otro es la contemplación, el santo oculto. El héroe claudicó, el santo murió en paz. Los dos terminaron en estas épocas brechtianas, donde la única política de resistencia posible es la unidad social y ésta es imposible. Los escenarios próximos pueden llegar a obsesionarnos. No deja de ser benéfico que el capitalismo depredador vaya arrancándose las máscaras y avance el estado gerencial tecnocrático represivo. Es una semiótica de la versión justa. Estoy convencido de que Hitler ganó la guerra. Su fascismo elitista de 20% de dominadores y 80% de dominados ya está implantado.

Se privatizó el poder y parecen estar en curso fascismos sociales, económicos y políticos cuyo diseño se viene mostrando mediáticamente una y otra vez, sobresocializándose como inevitable. Y los oprimidos admiran a sus opresores porque piensan que alguna vez serán como ellos. La sociedad que se describe a sí misma es hegemónica.

Siguen abiertas las libertades interiores, la democracia cognitiva. Y la dimensión metafísica que por analogía participa de la edad oscura. Época sin síntesis.

fmsolana@yahoo.com.mx