Elitismo para todos

Apuntes del tiempo líquido

Pero el agua acepta el calificativo de humilde porque toma la forma de aquello que lo contiene: todo lo que se recibe es según el modo del receptor, pero no se ven aún las formas que los contendrán.

1. No, no entienden. Creen que gobernar es imponer una versión publicitaria de las cosas utilizando el método carrolliano: ya lo dijimos tres veces, entonces es verdad. No hay ninguna consideración analítica, ninguna profundidad reflexiva o un mínimo buen gusto autocrítico en el discurso presidencial. Solo un retórico mecanismo compulsivo para aludir a acciones cuya importancia radica en el escénico énfasis de la mera alusión.

2. Deja de ser atendible, hasta para efectos críticos, la insuficiente y artificial respuesta del presidente Peña Nieto —nadie da lo que no tiene— ante la mayor crisis de su sexenio, el cual parece terminar o detenerse apenas al cumplir dos años de ejercicio, y así todavía transcurran los cuatro que penosamente le restan. Lo importante será el comportamiento de la sociedad mexicana en medio de estas vicisitudes del sistema y del régimen que ahora son acumulativas y estructurales y surgen las dos a la vez.

3. Una velocidad letárgica domina los tiempos mexicanos y va pautando, rutinaria y morosa, la marcha a contracorriente de nuestra historia patria. Mientras Latinoamérica elige gobiernos atemperantes del horror económico neoliberal que ejercen en lo posible su soberanía política y económica y elevan los indicadores sociales, nuestro país involuciona debido a una casta gubernamental y política que sistemáticamente se comporta como enemiga del interés mayoritario. Y a sus abusivas oligarquías mafiosas presentes en todos los oficios y estamentos —una costumbre idiosincrática mexicana reconocida en el célebre tópico: el que no tranza no avanza, el que no corteja no obtiene, el que no adula no está, el que no se corrompe no pasa. El hundido país mediocre de las complicidades.

4. Esa distancia insalvable entre la gente y aquello que antaño era llamado la clase política, esa profunda carencia pública de representación partidista comienza a hacerse más patente cuando cambia la denominación. El degradado tránsito del término “clase” al epíteto “casta” acompaña la insurgencia de una formación política surgida en España solo hace diez meses, el inesperado partido Podemos integrado por varios cientos de miles de simpatizantes adversos al bipartidismo tradicional y hastiados de la crisis recurrente, del mal gobierno cíclico, de la impúdica corrupción, del infierno de las recetas idénticas. Son Sobrevivientes del horror colectivo del capitalismo terminal.

5. Una versión popular de la navaja de Occam advierte que al escuchar un galope no debe pensarse en unicornios. Con todo su aire trágicamente renovador, la turbulencia política desencadenada por los normalistas muertos y desaparecidos de Ayotzinapa no garantiza derivar en una transformación democrática positiva. Las tentaciones autoritarias y la violencia son parte eficiente del complejo paisaje actual, y el priismo, tan diestro en las provocaciones represivas y en los bajos fondos de la política del miedo, hará con su mano izquierda lo que su mano derecha aparentará ignorar. En la ecuación cuenta asimismo la sociedad mexicana, hoy reunida en el rechazo al horror, en el hartazgo público ante la corrupción incesante y la inseguridad de un estado criminalizado, pero intervenida mental y anímicamente durante décadas por una ingeniería social televisiva que ha fomentado, sobresocializándolo, el paralizado individualismo egoísta ignorante del bien común.

6. ¿Cómo moverse por fuera de la estructura política partidaria para hacer otra política que termine transformando dicha estructura? No hay muchas recetas al respecto en la posmodernidad. Consejos como el de Sloterdijk provienen del mero sentido común: la hiperpolítica, una política que contenga el reconocimiento de una acción obligatoria, transmitir a nuestros descendientes lo que recibimos de nuestros ancestros. O la conservación multiplicada del arte más viejo que se conoce, el arte de hacer seres humanos.

7. Se dice modernidad líquida (un término de Zygmunt Bauman) para describir una sociedad que carece de un sentido de orientación claro, de una estabilidad proveniente de la tradición o de un conjunto de normas, y que vive un estado de contingencia permanente caracterizado por la velocidad, la fluidez y la fugacidad, un estado que representa, entre otras cosas, el colmo de la anticomunidad. Pero el agua acepta el calificativo de humilde porque toma la forma de aquello que lo contiene. Todo lo que se recibe es según el modo del receptor. Ahora surgen corrientes y caudales. No se ven aún las formas que los contendrán.

fmsolana@yahoo.com.mx