Elitismo para todos

Agregaciones

No hay contrapeso a un control político cuya hegemonía también presenta zonas harto fallidas; esto se da en medio de una espiral de violencia que va acrecentándose a pesar del esfuerzo gubernamental por invisibilizarla.

El planteamiento de Alfonso Cuarón es tan básico que no debiera tener que hacerse en un desplegado: discutir con seriedad parlamentaria y gubernamental la reforma energética más favorable para el interés nacional. La apelación es similar a aquella de Peter Sloterdijk que propone abrir un urgente intervalo de reflexión sobre el vertiginoso estado de las cosas. No será así, por desgracia, y la reforma energética largamente acariciada por las compañías trasnacionales abrirá las puertas de par en par a la codicia inagotable del capital y dejará caer las migajas de sus ganancias —el reparto capitalista de la riqueza— entre los mexicanos “dueños” del petróleo.

Las cámaras votarán apresurada y acríticamente las leyes decididas en otras oficinas, y en esa prisa irreflexiva estará un significado: no son ellas quienes deciden sobre el país. O llevarán a cabo los debates mediáticos producto de la presión y se legislará a fin de cuentas como estaba previsto en el manual neoliberal: más desregulación, más privatización, más disminución del gasto social. Un hombre perspicaz argumentó que no conseguimos entender las decisiones de la política porque no es en el mundo de la política donde se toman tales decisiones.

El cambio estructural que las reformas neoliberales peñanietistas intentan imponer en favor del gran capital requiere la dosis autoritaria y represiva que las historias latinoamericanas y mundiales muestran en todas las sociedades donde se ha impuesto. Esta restauración priista que parece haber llegado para quedarse indefinidamente en medio de una profunda crisis partidaria, si bien propia de la crisis de representación actual de los partidos electorales en prácticamente todas las democracias, a la vez típicamente mexicana: el PAN es un engendro y el PRD también (o sus dirigencias, siendo justos, pero esos partidos son sus dirigencias) y para efectos prácticos los dos están controlados por Los Pinos. Hasta ahora el movimiento de López Obrador ha jugado solamente un papel testimonial.

No hay contrapeso, entonces, a un control político cuya hegemonía también presenta, a la mexicana, zonas harto fallidas. Y se da en medio de una espiral de violencia que va acrecentándose a pesar del esfuerzo gubernamental por invisibilizarla antes que por resolverla—recientemente mataron a un catedrático morelense y a su esposa en su propia casa, durante la semana hubo 30 muertos en Tamaulipas por enfrentamientos armados, las autodefensas michoacanas multiplican su ejemplo y comienzan a mencionarse municipios de Jalisco que habrían formado grupos similares, cuyo nombre, según el vocero del movimiento, José Manuel Mireles, no gusta al gobierno por lo que hace evidente: su incapacidad.

Aunque Alfonso Cuarón no pidió a Peña Nieto discutirla, otra reforma esencial donde está actuando el autoritarismo del gobierno y el interés de los poderes fácticos es la de las leyes secundarias de telecomunicaciones, un paso atrás, como lo demuestran las organizaciones civiles especializadas, en derechos ya conquistados de libertad comunicativa e interés público. El intento de control de internet ha sido atemperado por la protesta en las redes sociales, una movilización política a la cual el gobierno le da especial valor. Sin embargo, continuará la tendencia regresiva neomodernizadora del régimen actual, tan nuevo como viejos son sus afeites ideológicos, pues la tecnocracia en el poder no cree todavía en aquella inviabilidad que el marxismo ve en el capitalismo democrático: la imposible conciliación de la igualdad ante la ley con la desigualdad material, aunque acepta que ésta provoca crecientes insurrecciones sociales que se deben controlar. Entonces, que se vaya cambiando la ley.

José Vasconcelos, un centauro mexicano que acabó baldado y amargado, resentido con el país que, según él, lo abandonó después de hacerlo ganar las elecciones de 1929, le dijo a su entrevistador en España, donde se había exiliado: “Acabo de ver una placa que recuerda el lugar en que estuvo preso Cervantes; tal es el ritmo de nuestra historia: en la cárcel el genio, y en el poder, los idiotas”.

Lo anterior no es insulto sino descripción semántica y semiótica: alude a todo aquel encerrado en lo particular, y no hay tecnócrata que no lo esté. Es la paradoja perversa del reformismo peñaniético: hacer pasar como de interés general lo que proviene del interés del capital y sus gestores políticos. Una confiscación del sentido o un engaño: da igual.

fmsolana@yahoo.com.mx