La violencia que no ven

Para que haya una convivencia tranquila, segura y en paz, se necesita que todos vivamos en un orden, conforme a normas, que nos señalan una línea de comportamiento a seguir, en lo individual, familiar, escolar, laboral, religioso, social, cultural, económico, político y gubernamental. El incumplimiento a esas reglas, el desacato a esos preceptos de conducta, es violencia, es rompimiento del orden en los mencionados ámbitos, y así tenemos que el individuo anda mal en su vida personal, que la familia se desintegra, que se fracasa en los estudios, que hay conflictos laborales o las empresas quiebran, las iglesias pierden feligreses, el tejido social se rompe, escasean los valores culturales, crecen las desigualdades económicas –y por consiguiente las sociales-.Todas esas violencias son dañinas, desde luego; pero la más grave es la gubernamental, la que ejercen  los funcionarios públicos en contra del Estado, el derecho, y la sociedad; que utilizan el poder público para beneficio de unos pocos y en perjuicio de los más, de los que menos tienen; y aprovechan los cargos públicos para enriquecerse. Hay violencia cuando los funcionarios se autoelevan sus sueldos hasta alturas estratosféricas, como los de los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que andan rondando los 700 mil mensuales; y el del Presidente de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos, que oscila los 120 mil mensuales, a cambio de aumentar 2 o 3 pesos anuales a los salarios mínimos.Hay violencia cuando los funcionarios comparten el cargo público con los narcotraficantes para enriquecerse y escalar puestos públicos; dándoles protección y brindándoles impunidad.Hay violencia cuando los funcionarios no hacen efectiva la seguridad pública, la seguridad social – las cuales no hay que confundir-, cuando no hay empleos, servicios médicos, prestaciones económicas a los trabajadores, campesinos y desempleados.Hay violencia cuando no hay suficientes escuelas, tecnológicos, universidades, y demás centros de enseñanza y educación superiores que preparen a los alumnos para enfrentar los retos del primer mundo.Hay violencia cuando no se aumentan los salarios y al mismo tiempo no se controlan los precios de la canasta básica, para que los primeros puedan ser suficientes y bastantes para que los trabajadores y sus familias tengan una vida digna y decorosa.Hay violencia cuando se roba o se compra la Presidencia de la República; cuando hay fraude electoral, cuando se compran los votos, cuando se desconoce la voluntad popular manifestada en las urnas; cuando los que llegan al poder público no son los que las grandes mayorías quieren.Hay violencia cuando los gobernadores falsifican decretos y periódicos oficiales para publicar autorizaciones de los congresos locales para endeudar a su Estado por más de las posibilidades financieras de los mismos.Hay violencia cuando se aumentan los impuestos y éstos se multiplican por servicios públicos que deberían ser sufragados con los impuestos que ya cobran.Esa corrupción, ese rompimiento del orden por parte de los gobernantes, que no del Estado, va irritando a la población causándole un resentimiento que estalla en ira social con motivo de delitos de funcionarios públicos como los de Ayotzinapa, contra lo que se desató una ola de manifestaciones de protesta en el país y en el extranjero.  Esas manifestaciones, a pesar de ser ordenadas y pacíficas, se han visto alteradas por la violencia de algunos anarquistas infiltrados por el gobierno para justificar la represión policiaca en contra de ese movimiento.Esa violencia es la única que ven los gobernantes para magnificarla por todos los medios posibles para deslegitimar y desprestigiar el movimiento; pero la violencia que ellos cometen con las  instituciones, no la ven o no la quieren ver porque no les conviene. A lo que le es aplicable el adagio de que “ven la paja en el ojo ajeno pero no ven la  viga en el propio”; por lo que la sociedad no se debe dejar llevar por la mala publicidad del gobierno en contra del movimiento de Ayotzinapa; ni debe tragarse  las mentiras de que no se debe permitir la violencia contra las instituciones; pues las instituciones son ellos. 


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