Las instituciones son de hombres, no de derecho

El Estado Mexicano ha funcionado bien para beneficio de la sociedad toda, cuando todas sus funciones las llevan a cabo los servidores públicos que son hombres de Estado con base única y exclusivamente en la ley y atendiendo urgente y satisfactoriamente las necesidades de todo el pueblo; como ocurrió durante el gobierno de la Reforma  y el Cardenismo, principalmente; en los que se antepuso a la ambición personal o de grupo los intereses del individuo y de la sociedad, respectivamente; pues recuérdese que la primera fue liberal y el último, social.Fuera de esas etapas, en algunos gobiernos de la República, incluyendo el de Porfirio Díaz –en un principio-, funcionó la verdadera institucionalidad en el país; la que se perdió en regímenes políticos, como los de Victoriano Huerta, Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Álvarez, y de allí hasta el actual Enrique Peña Nieto, en los que ha habido crímenes de Estado, como los de Madero y Pino Suárez, Emiliano  Zapata,  Francisco Villa, el mismo Obregón, Rubén Jaramillo, los del  68 y 71, Luis Donaldo Colosio,  Acteal, Aguas Blancas, y el actual de Ayotzinapa, en Iguala, GuerreroEn todos esos crímenes no han sido las instituciones en sí mismas las responsables, sino los hombres que están al frente de ellas, y han hecho mal uso de las mismas; aprovechando al Estado, con su conjunto de instrumentos, como son los alcahuetes del Ministerio Público y una parte del Poder Judicial, el ejército, la policía, el control de algunos medios, los dineros del pueblo, la manipulación de las informaciones, la opacidad en su desempeño, la falta de rendición de cuentas y de transparencia de todas sus actividades públicas, la corrupción, y sobre todo la impunidad de quienes están al frente del aparato estatal.Por eso no debemos de caer en el juego de fortalecer a las instituciones; porque sería tanto como apoyar  a los actuales hombres que están a su frente haciendo mal uso de ellas; no, lo que debemos de fortalecer es la conciencia social, la conciencia ciudadana, la conciencia cívica, de que todos absolutamente todos  participemos en exigirle al gobierno que  utilice al Estado para lo que fue creado: darle libertad, paz, tranquilidad,  seguridad y todo lo necesario al individuo para que crezca,  se desarrolle y pueda mejorar y tener bienestar en todos los órdenes de la vida, junto con su familia y la sociedad toda, a fin de hacer una nación fuerte y próspera, con oportunidades para que todos puedan progresar y desarrollarse; todo ello dentro de un verdadero Estado de Derecho, no de hombres.Pero desafortunadamente los únicos que le exigen todo lo anterior al gobierno han sido y son  hasta ahorita los estudiantes, los jóvenes, los idealistas que creen en poder transformar este México, por uno mejor;  y que viendo el presente con optimismo no tienen más interés que un porvenir prometedor.Por eso esos estudiantes están convocando a un paro nacional por lo de Ayotzinapa; al que de una u otra forma deberíamos todos los que fuimos jóvenes, solidarizarnos en la forma que podamos; aunque  a diferencia de aquella etapa de nuestras vidas, en que no teníamos nada más que sueños de un  futuro luminoso, ahora tenemos intereses materiales que cuidar que nos hacen ser conservadores y temerosos. Pues si no apoyamos esa y otras causas justas nos puede pasar lo que se dice en el poema de Martín Niemoller, inscrito en el Museo del Holocausto, en Washington, D.C.:“Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.“Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.“Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.“Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.“Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada”. 


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