El fut: opio del pueblo

Karl Marx, afirmó que la religión es el opio de los pueblos, porque adormece a los hombres para que sueñen en un mundo que no es éste, sino otro; haciendo que no desarrollen todas sus capacidades físicas e intelectuales, con las que lo dotó su propia naturaleza, para con su pensamiento, su trabajo y su esfuerzo puedan hacer de la Tierra, el Paraíso. Pero los analistas de Marx han querido interpretar su frase de que la religión es el opio de los pueblos, basados en su dialéctica y de Federico Engels, conforme a la cual todo es cambiante en el tiempo y en el espacio, diciendo que Marx veía en la ostia una ruedita, y esa ruedita era el balón, el balón del fútbol, que como se está viendo en estos días, tiene enajenado a todo el mundo.Pues no hay actividad alguna en la tierra, que no esté resintiendo los efectos del fútbol, aumentando ingresos en áreas como la gastronomía, en la que destaca la ingesta de bebidas alcohólicas, la publicidad, el comercio de toda clase de artículos con motivos futbolísticos, y los viajes de todo el mundo a Brasil; y disminuyendo la productividad económica, cultural, escolar, académica y todas las demás que son distraídas por esa justa mundial deportiva. Tan importante es esta Copa Mundial de fútbol, que hizo asistir a su inauguración y a algunos partidos en Brasil, a reyes, princesas, primeros mandatarios de algunos de los países participantes, a los más altos funcionarios de la Federación Internacional del fútbol FIFA, y a artistas y cantantes destacados como Jennifer López y otros personajes más. Parecía la visita del Papa Francisco, o la aparición del mismo Cristo, al país carioca; pues la inauguración fue por demás espectacularmente fastuosa pese a estar rodeada de disturbios de alrededor de medio millón de brasileños que protestaron en contra del gobierno; el que dio seguridad y orden a los visitantes, con alrededor de 150 mil agentes policiacos, incluyendo soldados.Las manifestaciones de protesta contra el gobierno fueron por haber organizado y gastado más de 11 mil 300 millones de dólares, en esta XX Copa Mundial de fútbol, en un país como México, con carencias de salud y educación públicas, problemas de desempleo y pobreza, mucho mayores y más graves que en nuestro país. La sede de esta justa deportiva la consiguió Luis Inacio Lula da Silva, en 2010; y le tocó su realización a Dilma Rousseff en este 2014; ambos presidentes que ganaron con millones de votos que sí fueron respetados por la oligarquía en Brasil; y no como en México que fueron comprados; por lo que mucho de la magnificación de estas manifestaciones de protesta tienen qué ver con las aspiraciones de reelección de la presidenta Dilma.No estamos en contra del fútbol, porque es ya parte del pueblo; sino que estamos en contra de quienes hacen de él el opio del pueblo para enajenarlo a fin de poder seguir explotándolo.


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