El aventón del presidente de Uruguay

Entre las prácticas de la clase política que más enerva a la sociedad, está la ostentación del poder y de la riqueza, que se exhiben en los lujosos vehículos de los gobernantes, su familia y sus guaruras, y en la presentación que hacen en lugares públicos, humillando así a  la población.Cuando la gente ve calles cerradas, muchos elementos de seguridad pública, gran movilización policiaca, abundancia de comunicadores y fotógrafos;  prohibición de estacionarse en la vía pública, y a veces hasta de que los peatones caminen libremente por las banquetas, impidiéndoles la llegada  a sus domicilios o a sus trabajos; es porque el Presidente de la República o el Gobernador, va asistir a un determinado lugar.Es tanta la rabia que siente el pueblo por tanta molestia que le causan los políticos, con  las “caravanas” públicas  que les hacen  a los de arriba, trastocando su vida normal, que preferiría que no se presentaran ni el Presidente de la República ni el Gobernador, en la ciudad.Hubo un Presidente de la República, en los años 70’s, que para pasar una nochebuena en el desierto de Ocampo, Coahuila, gobernado por otro individuo parecido a él en lo demagogo, mandó hacer allí un aeropuerto para que aterrizara el avión Presidencial; después de lo cual quedó  totalmente sin uso legal alguno; aunque las malas lenguas dijeron  que  era para servir  de pista de aterrizaje de  los “narco aviones”.Y así como ese grotesco desplante del genocida  Luís Echeverría Álvarez,  secundado por el atrabiliario pseudo profesor Oscar Flores Tapia;    y esas odiosas  movilizaciones oficiales para recibir a los gobernantes, hay muchas en todo lo largo y ancho del país.Por eso noticias como la de que el Presidente de Uruguay, José Alberto Mujica Cordano, llamado popularmente Pepe Mujica, no ha querido vender su “vochito”, de los 60’s.,  ni lo ha querido cambiar por un lujoso vehículo que le ofreció un mexicano;  dan gusto  y alegría; pues  se da uno cuenta que todavía hay políticos que llegan al gobierno única y exclusivamente para servir al pueblo, y no para  robar, que es lo más  común;  sobre todo en México.En la ciudad de México y en todo el  país, el Presidente de la República, no viaja por tierra, sino en helicóptero y en el avión  presidencial  -que por cierto costo miles de millones de  pesos al pueblo-; pero sus traslados en la capital no  los hace tanto por comodidad,  sino por seguridad personal.Tan desprestigiados están los políticos y los gobernantes en México, que no se arriesgan a andar sin guaruras  entre la gente; pues se saben repudiados por el pueblo  y temen fundadamente que en cualquier momento alguien los agreda.Por eso vuelve a llamar la atención internacional la modestia de Pepe Mujica, demostrada hace unos días cuando trasladándose él en compañía de su esposa la senadora Lucía Topolansky, en un  vehículo austero, en las calles de Montevideo, la capital de Uruguay, detuvo su marcha porque un ciudadano le hizo la seña para que le diera un aventón.Gerhald Acosta, publicó en las redes sociales y declaró a la prensa que ya tenía rato pidiendo aventón para que lo llevaran cerca de su casa; pues no había podido entrar a su trabajo por falta de una documentación; y que habían pasado entre 25 a 30 vehículos, sin darle “raid”; cuando de repente se paró un vehículo para darle aventón; y al abordarlo cuál no sería su sorpresa al reconocer a la primera dama  e inmediatamente ver a Pepe Mujica; quienes lo  llevaron  hasta su casa.¿Cuántos Pepes Mujicas, necesita con urgencia México? El mismo número de todos y cada uno de los puestos públicos  que tiene el Estado mexicano en sus tres ámbitos de gobierno: federal, estatal y municipal; ocupados en su gran mayoría por individuos que son todo lo contrario al Presidente de Uruguay;  déspotas,  prepotentes, insensibles con el pueblo, odiosos, con sueldos para enriquecerse e impopulares. 


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