El anarquista es el Estado

LOS ANARQUISTAs, vándalos, violentos, perturbadores, encapuchados o como se les quiera llamar, no son pues los manifestantes que reclaman demandas justas y legítimas.

El gobierno Federal últimamente ha cercado el Zócalo y sus zonas aledañas, del Centro Histórico de la capital de la República, con arcos detectores de metales, vallas metálicas, cordones policiacos, y toda clase de obstáculos que restringen el ejercicio de la libertad de tránsito garantizada por el 11 Constitucional; como no se había visto antes, ni el 27 de agosto de 1968, en que como lo escribió Joel Ortega Juárez (Milenio Laguna 5/X/2013), lo más que hizo Díaz Ordaz, fue darnos a quienes allí estábamos concentrados, cinco minutos para que lo desalojáramos, lo cual hicimos cuando nos echó unas tanquetas; pero luego inmediatamente después se reanudó el libre tránsito por allí.

El pretexto del gobierno para causar toda clase de actos de molestia en las personas, los cuales son inconstitucionales, son las recientes violentas manifestaciones con motivo del 2 de octubre, y de los inconformes que han azotado a la capital en estos últimos meses, por la falta de sensibilidad y de oportuno y eficaz diálogo de las autoridades con los opositores a la forma en que fueron despedidos decenas de miles de integrantes del Sindicato Mexicano de Electricistas SME, con la desaparición de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro; y las reformas educativa, fiscal y la pretendida reforma energética; y en general contra la política neoliberal que está haciendo más pobres a los pobres y más ricos a los ricos.

La violencia grave de las manifestaciones no es de los profesores, estudiantes, electricistas, y gente del pueblo inconforme, sino de individuos que el mismo gobierno infiltra en las movilizaciones para causar toda clase de delitos con el fin de deslegitimarlas ante la sociedad; como lo hizo desde el pasado 1º., de diciembre, en que Peña consumó el robo de la Presidencia de la República, asumiendo el cargo; fecha en que se cometieron desmanes que entre muchos otros daños causaron la pérdida de un ojo de los estudiantes manifestantes.

Ahora el gobierno a los manifestantes los está llamando anarquistas, en alusión al anarquismo que fue una táctica revolucionaria practicada en algunos países sobre todo en Europa, ideada por Mijail Alexandrovich Bakunin, nacido en Rusia en 1814 y muerto en Suiza en 1876, y por la que se quería la destrucción del Estado, para que los individuos fueran plenamente libres y no se sometieran al poder público; todo lo cual no quieren los inconformes con las reformas y los despidos de los electricistas; sino todo lo contrario, pues lo que piden es que el Estado, vele por los intereses del pueblo, los proteja, garantice su seguridad pública, y fomente su beneficio; toda vez que a la gente verdaderamente progresista de México, lo que le interesa es un Estado con un gobierno fuerte, popular, e incluyente de todos los sectores, principalmente los mayoritarios.

Los presidentes panistas tuvieron todos los defectos en su forma de conducir el Estado, de gobernar, de llevar a cabo sus políticas públicas; pero no fueron perversos como los priístas Díaz Ordaz y Echeverría, que echaron la policía y el ejército en contra del pueblo, con los pretextos de imponer el orden y la paz, después de que ellos los habían violentado con infiltrados como lo fueron los del “Batallón Olimpia” y los ”Halcones”.

Los anarquistas, vándalos, violentos, perturbadores, encapuchados o como se les quiera llamar, no son pues los manifestantes que reclaman demandas justas y legítimas, sino quienes lo son es gente infiltrada por el gobierno para desprestigiar las movilizaciones ciudadanas.

Resulta así que el Estado es el anarquista, el que no quiere un gobierno que realmente aplique el derecho a todos y por igual; lo cual está causando en México un caos, un desorden de todas las cosas públicas y privadas en perjuicio de la población que lo que quiere es precisamente paz con justicia, libertad, seguridad pública, progreso y bienestar absolutamente para todos por igual.

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