Han acabado con la Constitución

La original Constitución de 1917 contiene las decisiones políticas fundamentales del pueblo y el programa de la Revolución Mexicana de 1910, que mandató a los gobiernos  su cumplimiento, lo cual se hizo más o menos  desde entonces hasta fines de los 30’s, en que el maximato de Plutarco Elías Calles, la desvió en lo político imponiendo a los presidentes Pascual Ortiz Rubio, Emilio Portes Gil y Abelardo L. Rodríguez; y en lo administrativo,  empezó el saqueo de los recursos públicos;  desatendiendo todos ellos la urgente necesidad de atender los problemas agrarios y obreros heredados del porfirismo.
Esa desviación de la Revolución y de la Constitución, la enderezó el general Lázaro Cárdenas, con los históricos Reparto Agrario, de 1936 y Expropiación Petrolera de 1938; reanudando la realización  del  programa de educación pública iniciado por José Vasconcelos, creador de la Secretaría de Educación Pública,  durante el gobierno de Álvaro Obregón. Durante el mandato de Cárdenas, se creó el Instituto Politécnico Nacional IPN, las escuelas normales rurales, se multiplicaron las escuelas en los pueblos y ciudades del país;  se  impulsaron  las actividades productivas en el campo y en las ciudades, se creó el servicio civil de carrera de los trabajadores del Estado, se  promovió la seguridad social,  etc.
Cárdenas sentó las bases para que inmediatamente después de su sexenio,  el general Manuel Ávila Camacho, en 1943 fundara  el Instituto Mexicano del Seguro Social IMSS;  y tres sexenios después, en 1960,  Adolfo López Mateos, creara el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado ISSSTE; instituciones que han sido pilares para abatir la mortandad, dar salud a los trabajadores y brindar seguridad social a ellos y a sus familias.
Sin el IPN, el IMSS, el ISSSTE, y otras muchas instituciones de los gobiernos revolucionarios nacionalistas, México, no sería lo que es, con todo y que la mayoría de los gobernantes, con honrosas excepciones como la del general Cárdenas, lo han saqueado como lo hicieron Salinas de Gortari, Fox, Calderón, y lo está haciendo Peña; quienes cínicamente dicen que si el gobierno español que nos dominó durante la colonia, de 1519 a 1821 (en que se consumó la Independencia iniciada en 1810), no se acabó  México en tres siglos, cuantimás ellos  se lo iban a acabar en 30 años que llevamos  de  neoliberalismo iniciado con Miguel de la Madrid Hurtado.
 Pero Peña dice que todos esos  avances de México,  que costaron la muerte  de miles de mexicanos,  son un  mito y tabúes; mostrando así ignorancia acerca de que las decisiones políticas fundamentales plasmadas en la Constitución original de 1917,  son las determinaciones que el pueblo de México tomó  en 1910 con la Revolución  para su presente y su futuro; y no deberían ser tocadas por el devaluado Poder Constituyente Permanente, que no es más que el  Congreso de la Unión, con  el voto de las dos terceras partes de los individuos presentes (senadores y diputados federales) acuerde las reformas o adiciones  a la Constitución  y que éstas sean aprobadas por la mayoría de las legislaturas de los Estados.
Mientras que los Constituyentes  de 1917, tardaron dos meses, del 1º., de diciembre de 1916, al 31 de enero de 1917, en hacer la original Constitución, al llamado Poder Constituyente Permanente, le bastaron unas cuantas horas para desnaturalizarla por enésima ocasión, como lo hizo Salinas, en los 90´s., en que  le dio un golpe mortal  al artículo 27 con el cambio de régimen de la propiedad del ejido, al que privatizó y  con lo que se pone en riesgo al país de volver al latifundismo, a la propiedad de grandes extensiones de tierras en favor de una sola persona, y que fue uno de los males del porfirismo, que combatió la Revolución.
Peña está terminando de acabar con la Constitución, al reformar los artículos  25, 27 y 28; al despojarla  de la Rectoría del Estado, que no es más que el interés supremo de proteger la soberanía nacional en contra de la voracidad desmedida de los empresarios privados y extranjeros que no tienen más interés que el de lucro.
Pero así como es de fácil regresar al porfirismo, con un Poder Constituyente  Permanente, tan ágil y veleidoso, si el pueblo de México quiere regresar al nacionalismo revolucionario, en las próximas elecciones  Federales debe  elegir diputados que  representen los intereses populares; y a senadores y Presidente de la República, que verdaderamente gobierne para el pueblo, y no para las transnacionales y los poderosos, como lo está haciendo Peña; para que con un Poder Constituyente Permanente, sin regresar mecánicamente al pasado que no pueda salvar al pueblo, mire al presente y al futuro, con modernidad y progreso para todos.


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