Reactivación del centro histórico

Entre las principales promesas del nuevo alcalde Ingeniero Miguel Ángel Riquelme Solís, a cumplir en estos primeros seis meses, y las grandes esperanzas de los torreonenses, en verlas realizadas, está la reactivación del Centro Histórico de Torreón; sobre todo para los escasos habitantes que todavía  viven allí y los pocos comerciantes que aún  sobreviven en esa área; que antaño floreció por sus grandes tiendas, sus hermosos hoteles, sus buenos restaurantes, brillante  alumbrado público de luz mercurial  y vistosos anuncios de gas neón; hermosos edificios y bellas esculturas de la plaza principal; y cuya zona era visitada por agentes vendedores de ropa, zapatos, y toda clase de artículos de comercio, que venían de ciudades  como México, Guadalajara, Monterrey, León, Aguascalientes,  y otras; que se llevaban el concepto de Torreón, como la ciudad más progresista, moderna  y bonita del país.
Como todo es relativo, denominase Centro Histórico de Torreón, al centro comercial que surgió en los últimos lustros  del siglo XIX,  con motivo de la estación del Ferrocarril, y que se identificó con el conjunto arquitectónico construido  a partir de  1907 en que nació la ciudad, con edificios como El Torreoncito,  La Casa del Cerro, que construyó el Ingeniero Federico  Wolf, y la habitó, y desde lo alto contempló  el trazo que él hizo de las anchas y magnificas avenidas y calles de su magna  obra urbanística; a diferencia de los centros históricos de las ciudades coloniales como las ya mencionadas, y a las que agregarianse Saltillo y  Durango, que acaba de cumplir 450 años,   como ciudad; Zacatecas, San Luis Potosí, y otras que datan del siglo XVI; por lo que nuestro Centro Histórico, es joven.
Como joven que  es el nuevo Presidente Municipal, quiere reactivar el Centro Histórico, es decir, quiere rejuvenecerlo ahora que está  tan deteriorado por factores como la imitación  extralógica de querer copiar  a las ciudades de Estados Unidos, con sus malls, sus grandes centros comerciales en las orillas de las ciudades; residir en colonias retiradas del centro, instalar consultorios, despachos, oficinas, y toda clase de negocios cerca de esos modernos establecimientos y de las universidades y hospitales y clubes campestres, y periféricos o libramientos; el total abandono por parte de las autoridades, dejándolo en tinieblas, desalentando a sus escasos residentes, desatendiendo a los comerciantes, dejando en  ruinas los edificios históricos, subiéndoles el predial y otros impuestos, y en una palabra, teniendo en el olvido el área en que nació la ciudad.
Entre los edificios históricos que deben de ser reactivados tenemos el de la casa  que es ó fue de la familia Peña Tueme,  que se ubica en la avenida Morelos colindando con el Edifico Monterrey, que es una bonita obra arquitectónica  pero que está en ruinas; el Hotel Galicia, cuyos vitrales  y azulejos de las escaleras fueron traídos de Europa, y que tuvo como huéspedes entre otros distinguidos, al ídolo de México, Pedro Infante, y que ahora con tristeza vemos que es el lugar de arraigo para los detenidos por la Policía Ministerial de Coahuila; el Archivo Municipal, el Edificio Eléctrico, el Hotel Salvador, los edificios que flanquean a lo que fue el Casino de la Laguna, hoy Museo Arocena; el rescate del Edificio de la Papelería El Modelo, de avenida Hidalgo y calle Zaragoza, a fin de que al primer mural del pintor Esparza, conocido como El Juego de Pelota de los Aztecas, que se encuentra en su interior  no le vaya a pasar lo mismo que le sucedió al mural del recordado restaurante Apolo Palacio; y así por ese mismo estilo  hay otros edificios que merecen ser conservados y reactivados.
Mención aparte merece  el desatendido  Paseo del Canal de La Perla, que necesita de una cirugía mayor para que siga  siendo uno de los principales atractivos turísticos del Centro Histórico; el que para ser reactivado requiere del concurso de sus cada vez menos habitantes y comerciantes; pero sobre todo del gobierno que debe de bajar, y en algunos casos, exentarlos  del pago de impuestos; mejorarles toda la infraestructura urbanística; apoyarlos económicamente a mejorar sus edificios y fachadas, con el objeto de enraizar  a los que allí viven y atraer a quienes viven muy retirado del centro, con las bondades de tener todo a la mano y a pié y en unos cuantos minutos; como son los bancos, las tiendas, las oficinas y todo lo necesario para la vida moderna, sin necesidad de largas distancias.
Pero para eso el Alcalde necesita nombrar a un encargado del Centro Histórico, que viva allí, que sea un profesional de la arquitectura, que haya tenido un puesto directivo de los profesionales de la misma, que quiera al centro porque vive sus  beneficios, y conoce sus carencias y sabe como llenarlas; pero  sobre todo que quiera a  Torreón, así como todos lo queremos.


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