El Papa vio a Diego Rivera

Por primera vez en la historia de México, este pasado sábado 13, un Papa entró al Palacio Nacional, símbolo del estado mexicano laico; como un signo de la modernidad de las relaciones Estado-Iglesia, después de la separación de ambos poderes en las Leyes de Reforma de 1861, de Benito Juárez -quien por cierto allí tuvo su residencia-; y la Guerra Cristera en los 20s, con Obregón y Calles.

Un Papa nunca había entrado a la sede del Poder Ejecutivo Federal; pero un presidente de la República mexicana, sí había entrado a la Basílica de Guadalupe, santuario de la virgen del mismo nombre, símbolo de unidad nacional; y ese presidente fue Vicente Fox, el 1 de diciembre de 2000 en que tomó posesión; en contraste con el gesto que según una anécdota tuvo el presidente Adolfo López Mateos, cuando en 1962, acompañó al presidente católico estadounidense John F. Kennedy, hasta la puerta de la basílica, y dejándolo allí le dijo "hasta aquí llega el Estado mexicano". Era la época de los gobernantes laicos; no como ahora que manifiestan su religión en actos públicos oficiales.

Entre lo que más admiró el Papa Francisco, en el Palacio Nacional, fueron los murales que Diego Rivera pintó entre 1929 y 1935, conocidos como la Epopeya del pueblo mexicano; en los que sintetizó la conquista sangrienta de los soldados españoles católicos encabezados por Hernán Cortés, y la evangelización de los indígenas por Bartolomé de las Casas, Vasco de Quiroga; la recuperación de la memoria por Bernardino de Sahagún, y la fundación de la primera escuela cristiana para los indígenas por Pedro de Gante.

Por lo que el también jefe del Estado Vaticano, vio en esos murales de Diego, lo malo y lo bueno que la iglesia católica ha hecho en México; como producto de la historia; y cuyo lado bueno quiere que siga prevaleciendo; lo que testimonia con la visita a la tumba del obispo de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, el queridísimo "tatic" (padre en lengua tzotzill) Samuel Ruiz García; como un reconocimiento a la loable labor evangélica de los indígenas de ayer, hoy y mañana; y de quien en parte es heredero el obispo de Saltillo, Raúl Vera López.

Pero también pudo admirar el Papa en los murales de Diego los tres grandes movimientos sociales, económicos y políticos de México: la Independencia, la Reforma y la Revolución; en los que el pueblo mexicano se esforzó por darse un país, un país que en esta visita el Papa no está viendo porque los neoliberales y los tecnócratas lo han privatizado en beneficio sólo de ellos.

Ojalá que esta visita papal nos sirva a todos para rescatar lo que se propuso la gran epopeya del pueblo mexicano.


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