Cayeron dos Joaquines

Quién sabe qué embrujo tendrá la Confederación de Trabajadores de México (CTM), que todos sus dirigentes nacionales y la mayoría de sus líderes estatales y municipales han sido longevos; pues han muerto de más de setenta años de edad, en plenitud de sus facultades intelectuales y en acción.

Su fundador, el maestro Vicente Lombardo Toledano, murió de 74 años (larga vida en 1968, en que falleció); Fidel Velázquez, de más de 80; Leonardo Rodríguez Alcaine, también de más de 80; y ahora Joaquín Gamboa Pascoe (apodado “el chulo”) de 93 años.

Pero también sus dirigentes estatales, como Antonio Ramírez, en Durango, vivió alrededor de 80 años; Leobardo Flores Ávila, en Coahuila, quien todavía vive, tiene más de 100 años de vida; y como dirigentes municipales Carlos Ávila Molina, en Torreón, vivió alrededor de 80 años; y Jesús Ibarra Rayas, murió de más de 75 años.

La CTM, desde luego, ya no existe; ya no existe con la ideología, la finalidad y la acción de su fundador, Vicente Lombardo Toledano, de ayudar realmente a los trabajadores; y quien fue desplazado por los cinco lobitos: Fidel Velázquez Sánchez, Alfonso Sánchez Madariaga, Jesús Yurén Aguilar, Fernando Amilpa Rivera y Luis Quintero Gutiérrez.

Por eso VLT, no es reconocido y recordado en la CTM, como sí lo son los “líderes charros” que ha tenido a lo largo de sus 80 años, que está por cumplir en febrero, ya con su nuevo dirigente nacional Carlos Aceves del Olmo, de 75 años de edad; quien sustituirá al recientemente fallecido Joaquín Gamboa Pascoe.

Pero en estos primeros días de enero de 2016 no solamente cayó Joaquín Gamboa Pascoe, sino también Joaquín Guzmán Loera “el chapo”, aquel muerto y éste preso; y quienes tienen en común no solamente el nombre, sino que ambos son producto del sistema.

Gamboa al igual que sus antecesores -con excepción de VLT-, controló a los trabajadores para que no exigieran al gobierno y a los empresarios mejores condiciones de vida para ellos y sus familias.

“El chapo” es pieza clave en el narcotráfico, con el que se ha vinculado al Estado, en el que sigue influyendo dentro o fuera de la cárcel; por lo que su reciente recaptura no es más que un golpe mediático del gobierno ante la alarmante devaluación del peso respecto del dólar, y la visita del Papa Francisco, a México, en febrero. 


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