Cambios en la J. L. C. y A.

En este siglo XXI la Junta Local de Conciliación y Arbitraje J. L. C. y A. de Torreón -con honrosas excepciones-, no ha sido buena; pues desde que dejó la Presidencia de la misma, el Lic. Alejandro Cepeda Medina, ninguno de sus sucesores le ha dado el orden, la estabilidad, la funcionalidad, y el servicio que se necesita de ese tribunal, y que dicho profesionista le dio durante alrededor de 30 años; sin que esto quiera decir que eso fue de lo mejor; pues al lado de grandes  aciertos también hubo  errores.
Dicho funcionario fue el primer Presidente abogado que tuvo la J. L. C. y A., a  principios de los 70’s; integrando su equipo de trabajo con abogados; constituyendo esto por sí sólo un progreso; pues antes, y desde la década de los 30’s., en que se expidió la primera Ley Federal del Trabajo, todos los que ocuparon ese tribunal eran dirigentes o lideres o funcionarios de la Confederación de Trabajadores de México CTM,   que era  la que prácticamente controlaba esos tribunales laborales en todo el país.
Todavía recordamos los 60’s.,  en que el presidente  de la J. L. C. y A., era el líder Alfonso Figueroa Cabello y tenía de brazo derecho como secretario al dirigente sindical don Julio Mejía, quien se había preparado en materia laboral en la Universidad Obrera de México, fundada por nuestro maestro Vicente Lombardo Toledano; y a secretarios, actuarios y demás   personal emanados de la CTM.  
Así funcionó ese tribunal laboral alrededor de 35 años, hasta la nueva Ley Federal del Trabajo de 1970, que exigió que el presidente y los secretarios de los tribunales laborales, fueran abogados; subrayando  que durante esos años más los del Lic. Cepeda, que suman cerca de 65 años, la J. L. C. y A., funcionó más bien que mal, pues sus funcionarios entendieron muy bien  que a diferencia de todos  los juzgados y tribunales de las materias civil y  mercantil, principalmente; las juntas laborales  no dirimen cuestiones meramente de bienes o dinero, sino problemas de desequilibrio entre los factores de la producción: capital y trabajo,  que se deben de resolver no solamente con la ley formal, sino también con un sentido de justicia social.
Pero a partir del año 2000, en que ya estaba en boga el neoliberalismo y la tecnocracia, vinieron muchachitos a hacerse cargo de la J. L. C. y A., y allí empezaron los problemas tanto para  los patrones como para los trabajadores; pues por la falta de sensibilidad social  esos imberbes funcionarios no dejaron satisfechos ni al capital ni al trabajo; provocando inconformidades por ambas partes que hicieron que el gobierno de Coahuila  llegara a cambiar presidentes de ese tribunal, hasta dos veces por año; sumando en estos últimos 14 años, nueve presidentes con el actual; quien a diferencia de todos sus antecesores, no es de aquí de la Laguna, sino que viene de fuera.
Pues una de las razones por las que se quitó al anterior presidente, es que era de aquí, que aquí vivía y aquí tenía su despacho jurídico, en el que abogados del mismo  tenían juicios laborales en la J. L. C. y A.; y todo lo cual ya sabían de antemano desde Saltillo, y no obstante eso lo hicieron presidente; por lo que ahora importaron uno desde allá, como si aquí no hubiese suficientes y bastantes abogados igual o más capaces y preparados que los de la capital del Estado.
De manera que ahora se maneja la J. L. C. y A.,  a control remoto desde Saltillo, en donde pasa buen tiempo el presidente de la misma, desatendiéndola, y dejando sin corregir  muchos de los vicios arraigados en ese tribunal, que son inherentes a él  y  que ya son indebidamente parte estructural del mismo; por lo que los problemas en la J. L. C. y A., continúan, en perjuicio de los patrones y de los trabajadores; pero más que todo espantando las inversiones e impidiendo la creación  de empleos.
Por más que las reformas laborales de primero de diciembre de 2012, exigen que para litigar en las juntas de conciliación y arbitraje, se debe tener título universitario y cédula profesional debidamente registrados en las mismas, el “coyotaje”, no ha sido desterrado del todo; y que persiguen celeridad, continúan la prácticas viciadas de señalar fechas para audiencias hasta tres o más meses, que las mismas inician hasta con una hora o más de retraso; sigue el ocultamiento de expedientes, subsiste la tardanza por meses para dictar acuerdos,  morosidad hasta por medio año para dictar un laudo (sentencia laboral), y otros muchos más vicios  persisten en la Junta local de aquí.
Después de haber durado por décadas la J. L. C. y A., en los sótanos de la antigua Presidencia Municipal y en el Edificio Marcos, los gobiernos la han traído de renta para allá y para acá; hasta ahora que Felicitas Margarita Molina Duque, secretaria de Trabajo y Previsión Social  en el Estado,  acaba de anunciar que se cambiará de edificio a uno que es del gobierno y que se ubica en la calle Zaragoza número 145 sur, donde estuvo la Recaudación de Rentas.
Pero el cambio que todo mundo anhela y es de urgente necesidad no es el de edificio, sino el de la mayor parte del  personal jurídico de la J. L. C. y A., por uno que no sea corrupto, a fin de que este tribunal contribuya  a la economía, el progreso y a  la armonía de los factores de la producción de Torreón.


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