Acto de intimidación

La Universidad Autónoma de Coahuila UA de C, no ha sido conducida como una verdadera universidad autónoma, sino como una dependencia del gobernador y del PRI, quienes son los que designan a su rector y a los coordinadores de las unidades de dicha Universidad, en el Estado; a quienes mandan como si fueran sus empleados y les dicen que  hacer o no hacer  en lo económico, administrativo y político; más no en lo académico.La autonomía universitaria es una conquista de los estudiantes y de los profesores, para que pudiese hacerse efectiva la libertad de cátedra,  y con ella las libertades de investigación, creación, y otras; que costó represiones, persecuciones, desapariciones, golpes, encarcelamientos y hasta muertes, como la del estudiante que murió en la manifestación del 23 de mayo de 1929, y que fue por lo que se instituyó el “Día del Estudiante”; víctima al parecer por el entonces joven militar Gonzalo N. Santos, el “Alazán Tostado”, quien posteriormente fue gobernador y cacique  del Estado de San Luis Potosí.El maestro Antonio Caso, fue uno de los artífices y férreo defensor de la libertad de cátedra, la que floreció con la autonomía de la entonces Universidad Nacional de México, hoy UNAM, y la cual está festejando 85 años de autonomía, con conferencias, mesas redondas, conciertos y otras actividades culturales y artísticas más; y a cuyos festejos nos unimos todos los exalumnos de nuestra Alma Mater; y de la que fue actor principal José Vasconcelos,  autor del lema “Por mi Raza hablará el Espíritu”.Pero la autonomía  no solamente es para la libertad de cátedra, sino es también para que en los campus e instalaciones universitarias no penetren personas ajenas a la educación y a la cultura, sin previo permiso de las autoridades  educativas o de sus alumnos, a perturbar el orden y  a causar zozobra como acaba de ocurrir en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales FCPS, de la Unidad Torreón, de la UA de C, en donde entraron sin autorización alguna cinco individuos, ajenos a la  cultura y a la  educación,  al parecer militares de la “gloriosa” Secretaría de la Defensa Nacional  SDN, a buscar y fotografiar, con lista en la mano,  a los estudiantes que con conciencia social, valor civil y espíritu solidario,  han manifestado pública y pacíficamente como lo permite la Constitución,  en las calles y plazas públicas, su solidaridad con sus hermanos estudiantes de la Escuela Normal Rural “Profesor Raúl Isidro Burgos”, de Ayotzinapa, municipio de Iguala, Guerrero, y con los familiares de ellos. El pretexto para esa irrupción de soldados en campus universitario es que iban a proteger a los estudiantes con motivo de un paro de clases que supuestamente  realizarían; lo cual además de ser totalmente infantil es completamente injustificado; pues desde cuándo los militares tienen que cuidar a los alumnos de las universidades de lo que hagan o dejen de hacer dentro de sus escuelas y facultades.En 1968  tuvimos la fortuna junto con decenas de miles de estudiantes de acompañar al Ingeniero Javier Barros Sierra –sobrino nieto de Justo Sierra-, en la Marcha de la Dignidad, en protesta por la invasión del ejército mexicano  a la Ciudad Universitaria CU, de la UNAM,  ordenada por el sátrapa Luis Echeverría, Secretario de Gobernación del genocida Gustavo Díaz Ordaz; marcha que ya está inscrita en la historia de México.La comunidad universitaria, la clase pensante, la sociedad toda de La Laguna, espera que la Coordinadora de la Unidad Torreón y el Rector  de la UA de C, manifiesten públicamente su más enérgica protesta en contra del Ejército, por haber violado la autonomía universitaria; pues de no hacerlo así  pasarán a la historia  como cómplices  de los violadores, y estarán exhibiéndose ante los estudiantes como encubridores de elementos de las fuerzas públicas, que en lugar de acabar con la criminalidad, se dedican mejor  a intimidar a los universitarios para que ya no se sigan manifestando constitucionalmente en contra del mal gobierno; como lo anunciaron que lo harán el 1º., de diciembre.No basta con disculpas de los altos mandos militares, a los estudiantes, dadas en el propio campus universitario; y que se sancione a los soldados que lo violaron; es necesario que ni la sociedad ni los universitarios se dejen intimidar por gobiernos “gorilescos”.   


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