Cambio de frecuencia

Periodismo después del sismo 19-S

No hay periodistas perfectos. Como dijo don Manuel Buendía (que tampoco era perfecto): “los médicos no se preocupan mucho de sus errores porque los entierran; pero los periodistas publicamos los nuestros”. Así hay que asumirlo; sin embargo, hay periodistas que se hacen cargo de sus errores y ofrecen la disculpa correspondiente; otros nunca los reconocen.

Medios imperfectos

Tampoco hay medios perfectos, pero algunos aceptan la comisión de errores y los hacen públicos en beneficio de su audiencia; otros prefieren culpar a un medio poderoso (Televisa) por “inventar un personaje” para hacer un reality show (aunque hayan seguido la línea presuntamente marcada por el medio cuestionado), a su vez el medio poderoso prefiere responsabilizar a la Marina para no aceptar deficiencias en su cobertura.

Medios y periodistas aprenderíamos mucho si, a propósito del 19-S, cada quien aceptara errores e insuficiencias, analizara su cobertura y compartiera la autocrítica con sus pares y con la audiencia. No habría desdoro en ello. Al contrario. La perfección no existe en la “normalidad”, menos en la emergencia.

Periodismo difícil

El periodismo más difícil es el informativo. Quienes lo ejercen —reporteras y reporteros— luchan por reprimir el deseo de opinar —normal en el ser humano— para “no editorializar”, tratan de controlar las emociones para no “contaminar” la nota, adicionalmente buscan que ésta sea clara, breve, concisa y con datos confirmados. Así debe ser la nota. Cuando no consiguen alguna de esas exigencias quedan inermes ante la crítica de quienes no estuvieron en el lugar de los hechos, pero se asumen con autoridad para cuestionar el trabajo de sus colegas a veces, incluso, “en nombre de las audiencias”. 

Algunos articulistas regañan desde su tribuna: “A ver, jóvenes —las reporteras y los reporteros tienen generalmente menos edad que quienes ejercen como articulistas—, por qué no aplicaron las reglas básicas del reporteo: confirmar el hecho; recurrir a todas las fuentes posibles; contrastarlas; recordar que las “fuentes oficiales” o “institucionales” no son las únicas y hay que recurrir a todas las posibles; no publicar rumores…”.

El mismo error

Afirmar, sin haber hecho la necesaria investigación periodística, que un medio (Televisa) convirtió en un reality show la cobertura de la tragedia en el Colegio Enrique Rébsamen hace incurrir a quien lo afirma en el mismo error que critica. Hasta ahora esa afirmación no está apoyada en elementos de investigación periodística: confirmación del hecho a través de documentos o testimonios de fuentes identificables (no de opinantes que “pidieron el anonimato”), contraste de esas fuentes… Si no hay eso el asunto queda en el plano de la hipótesis o de la opinión. Habrá que esperar la confirmación seria, periodística, de esa hipótesis por parte de quienes la elaboraron.

Una “ventaja” que tiene el periodismo de opinión con respecto al informativo es que en el primero cabe prácticamente todo: los deseos (buenos o malos), las impresiones, la especulación. En el segundo solamente los hechos, por eso informar es lo más difícil en el periodismo, pero precisamente por eso la información confirmada es la base de esta actividad.   

Audiencias

Las audiencias no son “santas” ni pobres víctimas a merced de medios malvados que quieren manipularlas; obviamente sin audiencias no hay medios y éstos, particularmente los comerciales, tendrían que dejar de verlas solo como consumidoras y entenderlas como la oportunidad de recibir críticas, cuestionamientos y retroalimentación. Si no existe eso, la crisis de legitimidad que padecen los llamados medios tradicionales frente a audiencias será cada vez más acentuada. Las formas de acercarse a las audiencias y recibir retroalimentación pueden ser muchas, pero una que no funciona ni funcionará es la que actualmente tiene la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión para sus medios afiliados: un solo ombudsman para atender las críticas, cuestionamientos, propuestas o preguntas que puedan hacer millones de personas que ven y oyen las más de mil estaciones de radio y casi 500 de tv de carácter comercial en México. Uno solo.   

El respeto y la promoción de los derechos de las audiencias tiene que ser una gran enseñanza de los sismos.