Cambio de frecuencia

"Piojo" Herrera: negocio y despido

El fugaz y agitado paso de Miguel Herrera al frente de la selección nacional (8/10/2013 a 28/7/2015) mostró como nunca antes los excesos alcanzados por el modelo de explotación comercial al que está sujeto ese representativo: poco futbol y mucho negocio en beneficio de televisoras, patrocinadores y dueños de los equipos de primera división.

Sin identidad

A diferencia de otras selecciones, que para prepararse juegan solo partidos serios, en las “fechas FIFA” la mexicana disputa una gran cantidad de “amistosos” en EU que llenan las arcas de la Femexfut, pero carecen de beneficio deportivo; no corresponden a un plan de preparación futbolística. Herrera dirigió 37 partidos, de los cuales 15 fueron oficiales y 22 amistosos.

Mientras las principales selecciones de futbol en el mundo mantienen la identidad que representa la “camiseta nacional”, la Femexfut permite que Adidas, dueña del contrato para la fabricación y venta de los uniformes oficiales, haga lo que se le antoje: cambió a negra la tradicional camiseta verde que México utilizó desde los Juegos Panamericanos de 1955. Sería inimaginable que Brasil abandonara la “verde amarilla”, que Uruguay dejara la celeste, Argentina se deshiciera de la albiceleste o Italia de la azurra

Jugadores usados

A cambio de los ingresos millonarios que aportan los patrocinadores, la Femexfut obliga al cuerpo técnico y los jugadores a protagonizar las campañas publicitarias de aquellos. En 2013,  Iván Ahedo, director de Mercadotecnia de Comex (uno de los 15 “patrocinadores oficiales” de la selección) dijo a la revista Forbes: “Podemos usar el eslogan ‘patrocinador oficial’ donde pensemos que es adecuado (y) hacer comunicación con la temática de la selección. Además, podemos usar jugadores, casi nunca de manera individual, a veces en tercias. Los podemos escoger”. (http://www.forbes.com.mx/el-negocio-de-los-250-mdd-de-la-seleccion-mexicana/)

Precisamente porque los patrocinadores eligen qué jugadores quieren para sus campañas de publicidad, los futbolistas mediáticos tienen prácticamente un lugar asegurado en la selección, aunque tengan bajo rendimiento en sus respectivos equipos o de plano ya no alineen. El costo futbolístico que esto pueda tener dentro de la cancha no importa a los patrocinadores.

Mala preparación

Al carecer de un proyecto futbolístico serio y consistente, y al estar subordinada a los intereses comerciales, la selección mexicana participa en torneos internacionales con una preparación cada vez más deficiente. A las “copas” América y Oro, México asistió con equipos que tuvieron, cada uno, 15 días de entrenamiento; en el primer caso con futbolistas cansados luego de participar, la mayoría, en la liguilla del futbol mexicano y en el segundo con elementos que venían de vacaciones y no tenían ritmo de competencia. 

Según Forbes (mayo-junio de 2014), la Femexfut habría obtenido 259 millones de dólares por la explotación de la selección nacional en el periodo 2012-2014, únicamente considerando patrocinios y partidos jugados en EU. A eso habría que agregar 9 millones de dólares por llegar a octavos de final en el Mundial de Brasil.

Libre de impuestos

¿A dónde va ese dinero? Justino Compeán, que a partir de mañana dejará de presidir la Femexfut (en realidad ya lo quitaron el lunes) lo reveló en octubre de 2012 (véase el reportaje de Osvaldo Anaya Oliver en la liga citada más arriba): “En selecciones nacionales, cada cuatro años y trabajando en conjunto con los patrocinadores, generamos ingresos por 250 mdd. Con una inversión de 150 mdd, podemos mantener a todas las selecciones, a todos los cuerpos técnicos, las giras, viáticos, seguros, premios a los jugadores, en fin. Tenemos 100 mdd de superávit y con éste logramos un acuerdo con la Secretaría de Hacienda y Crédito Publico, con el Sistema de Administración Tributaria, para que, sin pagar impuestos, se los regresemos etiquetados a los 18 clubes (de Primera División) para que promuevan las fuerzas básicas (que nutren de jugadores a las categorías menores de la selección)”.

Las televisoras, por su parte, disfrutan del gasto publicitario con el que los patrocinadores buscan llegar a las audiencias masivas que genera la selección (los ratings promedio son de 18 a 20 puntos y llegan a 30 en partidos importantes).

¿Quién sigue?

El Piojo Herrera pasó por este enjambre de intereses con éxito económico y mediático. Firmó un contrato por 2.7 millones de dólares anuales y grabó innumerables spots. Su imagen, expuesta hasta la saciedad, saturó los medios. Al principio fue simpático; al final, patético. Perdió el piso, fue insultado e insultó —¿o al revés?—, entró a la política con el pie equivocado, dejó de representar “valores positivos”, pendía de alfileres y el lunes le dio un manotazo a Tv Azteca, integrante del pool económico que maneja a la selección. Lo corrieron. ¿Quién sigue?