Cambio de frecuencia

Música por "streaming" en México

El maestro Neil Young decidió la semana pasada retirar su obra musical de los servicios de música por streaming que hoy proliferan y representan un negocio cada vez más cuantioso. “No se trata de dinero —aclaró—, aunque mi cuota (como la de todos los otros artistas) haya sido dramáticamente reducida por malos acuerdos hechos sin mi consentimiento. Es por la calidad de sonido. No necesito que mi música sea devaluada por la peor calidad en la historia de la difusión o cualquier otra forma de distribución. No me siento bien permitiendo que esto se venda a mis seguidores. Es malo para mi música (MILENIO Diario, 16 de julio de 2015).”

Audio degradado

Tiene razón el músico canadiense, autor de tantas canciones entrañables en su larga trayectoria como solista y con Buffalo Springfield, Crosby, Stills, Nash & Young y Crazy Horse: no es lo mismo un audio de 24 bits y 192 KHz, calidad habitual en un master de estudio, que él quisiera conservar en la distribución digital, que uno de 16 bits y 44.1 KHz, estándar que se maneja en el CD y en el formato comprimido MP3, al que son “bajados” los audios para la distribución de música por streaming

Sin embargo, la actitud digna de Neil Young difícilmente afectará el creciente negocio de las empresas que distribuyen música vía streaming, como Spotify, Deezer, Apple Music, iRadio, Claro Música, Guvera, Musicovery, entre muchas otras: sale el catálogo de Neil Young, con algunos cientos de canciones contenidas en poco más de 50 álbumes, pero quedan los de miles de grupos y solistas cuyas canciones y discos suman decenas de millones. El éxito de la música por streaming consiste, precisamente, en la posibilidad de distribuir millones de canciones con baja resolución de audio a un público masivo que aprendió a oír música en MP3.  

Regalías

Las empresas de música por streaming —recordemos que en este procedimiento los archivos no se descargan— operan ofreciendo servicios on line, aunque los off line van creciendo. Algunos de esos servicios son gratuitos y otros requieren una cuota mensual generalmente accesible. El negocio consiste en que el servicio gratuito incluye publicidad —inserta en la pantalla o en spots— y los servicios premium requieren pago de cuota. Generalmente hay una suscripción “de bajo costo” —alrededor de 50 pesos— que solo funciona para PC o Mac. La suscripción premium abarca esos dos dispositivos y otros como smart tv, smart phone, Ipod o consolas de videojuegos.   

Las empresas de música vía streaming pagan regalías a las compañías discográficas; Spotify, líder en ese mercado, afirma que paga a las disqueras el 70 por ciento de sus ingresos a escala mundial; sin embargo, lo hace mediante acuerdos en los que no intervienen los músicos, por eso algunos de ellos exigen a las empresas de streaming una negociación directa y retiran su catálogo o alguno de sus álbumes, generalmente el más reciente, para presionarlas y obligarlas a acordar con ellos. Algunos músicos ni siquiera saben que su obra está en el catálogo de estas empresas. 

Ventas millonarias  

Según la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI por su sigla en inglés), al finalizar 2014 los ingresos de esa industria provenientes de “ventas digitales” sumaron 6 mil 850 millones de dólares. De esa cantidad 23 por ciento correspondió a streaming por suscripción, 52 por ciento a descargas permanentes (en plataformas como iTunes o Google Play); el streaming gratuito con publicidad aportó 9 por ciento. El negocio de la música digital en general y del streaming en particular va en aumento: en 2009, según esa fuente, había sumado 4 mil 400 millones de dólares. Se calcula que este año, la “ventas digitales” de música superarán a las “ventas físicas”.

Según la firma Audio.ad, el mercado mexicano de música por streaming es encabezado por Spotify, con 47 por ciento de los consumidores; le siguen Deezer, con 23 por ciento, y Musicovery, con 17 por ciento. El resto se divide en varias empresas. 

Pure tone 

Soy un consumidor de audio analógico —todavía oigo vinilos— y digital: digitalizo piezas o álbumes de vinilo y escucho música en MP3, WAV, WMA y cualquier formato al que pueda acceder, pero me gustaría que algún día el sueño de Neil Young —conciliar el negocio de la distribución digital con el respeto a la calidad del master original de una canción o un álbum— pudiera lograrse. 

Young ya desarrolló, incluso, un dispositivo para lograrlo: el Pono player, reproductor que ha tratado de lanzar al consumo masivo, hasta ahora sin gran éxito. Ojalá algún día las empresas de música digital, tanto las que operan mediante descargas permanentes como las de streaming, se decidan a lanzar el pure tone (también llamado pono), formato desarrollado Neil, aunque sea  como un servicio de “nicho”, destinado a los diletantes del audio.