Cambio de frecuencia

Julio Scherer: leyenda, no mito

Quienes estudiamos comunicación y periodismo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM en el segundo lustro de los 70 y  principios de los 80, aprendimos a ver al “Excélsior de Scherer” y al propio don Julio como los modelos a seguir si queríamos llegar ser “periodistas críticos”. Lo mismo que a Proceso y al Unomásuno, derivados de “la agresión contra Excélsior perpetrada por Luis Echeverría”.

Profesores

No era extraño que tuviéramos esa visión: varios de nuestros profesores habían trabajado o colaborado en Excélsior, de donde habían salido para integrarse a Proceso o Unomásuno. Entre ellos estaban Miguel Ángel Granados Chapa, Froylán López Narváez, Ignacio Solares, Fernando Benítez y el propio Julio Scherer, quien durante algún tiempo impartió cátedra en Ciencias Políticas. Yo no tomé clase con él, pero lo recuerdo saliendo de su curso escoltado por una docena de sus alumnos, que lo acompañaban hasta el estacionamiento haciéndole preguntas.

Excélsior y Scherer eran casi míticos. Incluso, si alguna compañera o compañero recibían chance de trabajar en Excélsior, de Regino Díaz Redondo, eran mal vistos, porque abandonaban la causa del periodismo crítico y se iban con el traidor.

Periodismo crítico

Después, por supuesto, aprendimos a matizar. Cuando don Manuel Buendía, otro de nuestros grandes maestros, empezó a publicar su columna “Red privada” en el “Excélsior de Regino” llegamos a la conclusión de que el periodismo, como la propia vida, está lleno de intereses, confrontaciones, alianzas, desencuentros y esfuerzos en la búsqueda de espacios para ejercer la profesión. ¿Acaso Buendía, el más crítico de los columnistas de finales de los 70 y principios de los 80, merecía ser “condenado” por expresarse en el periódico dirigido por Regino Díaz Redondo?

Aprendimos también a ver a nuestros grandes maestros de periodismo como profesionales de la información, la opinión y la investigación periodísticas, que participan en ese juego de confrontaciones, alianzas y desencuentros. No como personajes míticos, aunque sí de leyenda en el caso de varios de ellos.

Obra excepcional

Con la muerte de Julio Scherer, ocurrida la madrugada de ayer, su obra empezará a ser analizada, tanto por sus contemporáneos como, esperemos, por las nuevas generaciones de periodistas. Y esperemos que lo sea de una manera crítica.

La de Scherer es, sin duda, una obra excepcional. Fue director de un diario importantísimo en uno de los periodos decisivos en la historia moderna de nuestro país. Para entender cómo fue la sociedad mexicana durante el echeverrismo, la lectura del “Excélsior de Scherer” es imprescindible. No solo en lo estrictamente político o económico; también es insustituible para entender la situación de la prensa mexicana y su relación con el Estado en un momento de aparente “apertura gubernamental” que, sin embargo, derivó en censura.

El Excélsior de los años 70 fue también fundamental en la difusión y el debate culturales. Como muestra están el suplemento “Diorama en la cultura”, dirigido por Ignacio Solares, y la revista Plural, encabezada por Octavio Paz. Y por si fuera poco, la siempre entretenida Revista de revistas, dirigida por Vicente Leñero.

Aporte democrático

Scherer fue también fundador de Proceso, que junto con Unomásuno resultó decisiva en el desarrollo de un periodismo crítico, cuyos frutos se muestran en la prensa actual y cuyo aporte en la construcción de una sociedad democrática es incuestionable.

Fueron dos medios distintos entre sí, derivados del “golpe a Excélsior” y que revelaron las desavenencias al interior del grupo expulsado de ese diario: una parte de ese colectivo fundó Proceso, bajo la guía de Scherer, el otro Unomásuno, conducido por Manuel Becerra Acosta.

Los desacuerdos entre ambos bandos, las diferencias entre sus proyectos y mucho de lo que pensaban unos y otros sobre sus compañeros pueden leerse en libros como Los periodistas, de Vicente Leñero, Dos poderes, de Manuel Becerra Acosta, o Comunicación y política, de Miguel Ángel Granados Chapa. Obras, todas ellas, fascinantes y necesarias para entender la historia del periodismo mexicano de la segunda mitad del siglo XX.

Siempre periodista

Por supuesto, la obra de Julio Scherer no se limita a la parte periodístico-política, como director y fundador de dos grandes medios. Queda para la consulta su obra como periodista, que fue pasando del diario a la revista semanal y, finalmente, a más de una veintena de libros, algunos de consulta imprescindible para entender el fenómeno del poder en México: Los Presidentes; El poder: historias de familia; Prensa y poder en México (en coautoría con Carlos Monsiváis); Estos años; o Parte de Guerra (también escrito con Monsiváis).

Recordemos siempre al periodista Julio Scherer García.