Cambio de frecuencia

Chespirito: entre apocalípticos e integrados

Nadie debe sentirse con “autoridad intelectual” para impugnar o burlarse de aquellos a quienes fascinó la obra televisiva, cinematográfica y editorial de Roberto Gómez Bolaños, Chespirito, al grado de considerar “estúpidos” o “manipulados” a los fans de ese actor, guionista y productor: hay en esa postura un tufo de “superioridad” que linda con el clasismo y la discriminación.

Pero tampoco los fans de Chespirito deben suponer que su ídolo, por significar algo importante en sus vidas o porque, según dicen, influyó en su “formación infantil”, tendría que estar a salvo de cuestionamientos o merecer el homenaje unánime: hay en esa actitud autocomplacencia e intolerancia a la crítica.

Gómez Bolaños fue un trabajador del espectáculo cuya obra, al ser pública, está sujeta lo mismo a la impugnación que al elogio.

Industria cultural

Chespirito, junto con Jacobo Zabludovsky, Raúl Velasco y el América, fue uno de los pilares que permitieron a Televisa, durante los años 70 y 80, conquistar un lugar preponderante dentro de la industria cultural, término que utilizo en la acepción de los creadores del concepto, Horkheimer y Adorno; es decir, la estimulación mediática de un gusto estético masivo y en gran medida estandarizado que deviene en mercado de consumo, también masivo, cuya demanda se satisface con la producción de mercancías culturales diversas: música, cine, noticias, libros y hasta futbol profesional.

¿Alguien podría negar la influencia de Zabludovsky en el campo de la percepción informativa, de Velasco en el del gusto musical popular, de Chespirito en el de la comicidad y del América en el entretenimiento futbolero?

El América, originalmente “el equipo de los ricos”, terminó por convertirse paradójicamente, gracias a las transmisiones de Televisa, en favorito de amplios sectores de las clases populares.   

Tres pilares

La siguiente anécdota, relatada por el periodista Arturo García Hernández, ilustra la deferencia que el fundador de Televisa tuvo hacia Zabludovsky, Velasco y Chespirito: “A mediados de 1996, tres jóvenes directivos de Televisa se presentaron ante Emilio Azcárraga Milmo para informarle que algunos sondeos de opinión señalaban que Jacobo Zabludovsky contribuía de manera notable al deterioro de la credibilidad de la televisora. Además de Zabludovsky, los jóvenes ejecutivos, entre los que estaba Emilio Azcárraga Jean, también mencionaron a Raúl Velasco y a Roberto Gómez Bolaños, Chespirito. El Tigre enfureció. Les dijo a sus interlocutores que esos tres personajes le habían ayudado a hacer de Televisa lo que era y que no se atrevieran a tocarlos. ‘Antes se van ustedes’, advirtió” (La Jornada, 20 de enero de 1998).

“Cultura mexicana”

Todo indica que Chespirito generó mucho dinero para Televisa y él recibió también pagos cuantiosos por su trabajo. En estos días se ha reciclado una nota publicada en 2012 por la revista Forbes, según la cual los programas de Gómez Bolaños de 1992 (año en que se dejaron de grabar) a 2012 produjeron para la televisora ganancias por mil 700 millones de dólares (http://www.sinembargo.mx/25-09-2012/376629). El Clarín, de Buenos Aires, publicó el martes que la herencia dejada por el actor suma 15 mdd.

Su obra es considerada relevante por muchas personas, según la encuesta levantada el 1 de diciembre por Gabinete de Comunicación Estratégica: 58.8 por ciento la consideró “importante para la cultura mexicana”; 21.3% “algo importante”; 11.4% “poco importante” y 6.1% “nada importante”. La empresa no explicó qué entiende por “cultura mexicana”.

Homenaje maratónico

También, según esa encuesta, los fans de Chespirito triplican a los de Eugenio Derbez, actualmente considerado el ícono de la comicidad en Televisa: 64.2 por ciento prefirió al creador de El Chavo y 17.8 al del Lonje Moco (el resto a ninguno). Por último, 74.3 por ciento manifestó que la comicidad televisiva de antaño —la de “Chespirito” incluida— es mejor que la de hoy.

A diferencia de otras figuras del espectáculo, por ejemplo cómicos de carpa o teatro, de cuya obra, realizada en la primera mitad del siglo XX, solo sabemos por testimonios y relatos escritos, la de Chespirito fue bendecida por la tecnología: casi toda se registró en video, pasó a los dibujos animados y derivará hacia los videojuegos. Seguirá generando dinero.

Figura destacadísima de la industria cultural mexicana, Chespirito fue objeto de un homenaje póstumo que incluyó un maratón televisivo de casi dos días sobre su vida y obra —con profusión de spots comerciales— y una misa de cuerpo presente en el lugar más adecuado para ello: el estadio Azteca.