Fronteras de la ciencia

La importancia del diálogo

El pasado 13 julio de 2016 en medio de un evento de apoyo social a jóvenes por parte del gobierno de la Ciudad de México, un joven estudiante de la UNAM de nombre Emiliano Morales aprovechó la oportunidad de estar frente al jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera, y tomar la palabra casi a la fuerza para manifestar sus desacuerdos con los gobiernos local y federal.

Evento que tuvo lugar en el Teatro de la Juventud donde se daba entrega de tarjetas "Jóvenes en Desarrollo". El joven estudiante al micrófono habló sobre la tristeza que él y los jóvenes sentían hacia al gobierno debido a las pocas oportunidades de ser escuchados en sus inconformidades como "las prácticas de corrupción que hacen el gobierno federal y el gobierno local".

Emiliano Morales también hizo referencia a un valor que forma parte esencial en la democracia y en todas las áreas: hablar y escuchar. El apoyo no termina allí (refiriéndose a las tarjetas), el apoyo va en el sentido de abrir los espacios para que la gente hable y para que la gente se escuche [...] ¡eso habla de una democracia!" Quizá las palabras del joven estudiante pueden ser resumidas en una sola: dialogar. Porque dialogar no sólo es hablar, también, es saber escuchar. Para que un buen diálogo sea efectivo se requiere que ambos interlocutores sepan escucharse el uno al otro y así emitir una voz que incluya el punto de vista del prójimo. Dialogar implica reconocer al otro. Cuando dos personas se odian o están muy enojadas lo manifiestan mediante la indisposición de no cruzar palabra alguna entre ellos, por eso para muchos la indisposición al diálogo puede ser catalogada como una de las muchas maneras de la ofensa, quizá la peor de todas porque en ésta ni siquiera hay un reconocimiento a la existencia.

Un gobierno que no dialoga es un gobierno que no reconoce y no valora a sus ciudadanos. No es raro, por lo que he dicho antes, que los jóvenes o cualquier otro ciudadano se sientan ofendidos cuando perciben que no se le toma en cuenta para dialogar, pues quien no dialoga, no dota de existencia a su semejante. En una democracia es legítimo que las voces se escuchen y que el gobierno dialogue con el pueblo, pues se trata de una forma de gobierno que es construida de manera compartida entre Estado y sus ciudadanos. Solo a través del diálogo se pueden contrastar ideas y ser incluyente al mismo tiempo.

Dialogar no es fácil y se requiere de un esfuerzo en conjunto por los interlocutores, por eso no sería exagerado afirmar que dialogar es un arte. Sus dificultades son muchas comenzando porque se requiere de gran humildad, de sabernos imperfectos y que por nosotros mismos no seremos capaces de construir grandes ideas, o bien, instituciones fuertes y sólidas si no es con el ayuda del otro. Por eso un gobierno fuerte siempre ve a sus ciudadanos como sus mejores aliados para dialogar y fortalecer sus instituciones; mientras que un gobierno débil será falto de humildad y sólo acudirá a sus ciudadanos cuando necesitan de ellos en los votos ¿le suena esto conocido, amable lector?

ferfuentesmty@hotmail.com