.30-30

El selfie, el arte de la soledad

Me atrevería a afirmar que son muy pocos los usuarios de internet que han resistido la tentación de tomarse un selfie o autofoto. Sé que otros lo conciben como una obligación diaria. En el pasado, el selfie se encontraba estigmatizado, ya que implicaba la soledad del sujeto en la foto, y la soledad, podríamos decir, siempre ha estado estigmatizada. Sin embargo, tal como ocurre con casi todos los artefactos e instituciones del capitalismo, el selfie actual desmantela las circunstancias en contra y las resignifica como elemento central y de consumo. El selfie es una imagen del sujeto en estado de separación de un grupo y escenificandouna soledad –digamos– gozosa.


En este tipo de fotografías identificamos varias dimensiones de separación entre el sujeto y el destinatario anónimo del selfie mismo. Está el espejo (cuando el sujeto fotografía su imagen reflejada), la cámara, la página de Facebook u otra red social en la cual se cuelga la foto y, por supuesto, la intención de autocolocarse en el foco de la imagen: yo estoy aquí y tú allá. De forma paradójica, exponemos nuestro lado más íntimo en un selfie, aunque protegidos por los velos de la separación. Quizá es el resguardo que otorga la red social, el hecho de convertirnos en materia digital, la razón por la cual nos autorizamos a mirar al mundo desde nuestro yo o self, como se diría en inglés.


Por medio de la autofotografía dejamos rastro de nuestro paso en el planeta; o le hacemos saber al mundo el género literario o cinematográfico en el que hemos elegido vivir –real o virtualmente– nuestra vida.El filósofo francés Paul Ricoeur afirma que todo género es una estructura que cifra el significado de nuestra experiencia en el tiempo. El selfie es un banco exuberante de ejercicios de género –en todos sus sentidos– que llenan las vacantes del transcurrir del tiempo: me tomo un selfie, luego existo.


El punto de vista narrativo de la vida cotidiana está cambiando. En un selfie nos colocamos en el primer plano y todo lo demás pasa en el fondo. Es un momento de certeza en nuestra –casi siempre– atemorizante aldea global. La mayoría de las películas están narradas por medio de una mirada omnisciente, como si un narrador que lo sabe todo mostrara los detalles del mundo representado. Es lo que se llama cámara objetiva. La cámara subjetiva sería cuando los ojos de un personaje miran lo que percibe la cámara. Si la realidad fuera una película, estaríamos en la era en que los personajes han empezado a narrar sus propias historias a partir de lo que ven o quieren que vean de sí mismos.


@fernofabio