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Los palíndromos de Gilberto Prado Galán

Un palíndromo es una frase que se lee con el mismo sentido tanto de izquierda a derecha como de derecha a izquierda. Gilberto Prado Galán (en adelante GPG), lagunero de nacimiento y ciudadano del mundo por decisión, es uno de los palindromistas más importantes de la lengua castellana.

Con su libro “Efímero lloré mi fe” (2010) se declaró como el máximo creador de palíndromos en España y en Iberoamérica. Este volumen compila 26,162 palíndromos.

GPG ha sido un ensayista muy prolijo. Ha recibido premios nacionales e internacionales, incluyendo el premio Lya Kostakowsky 1993, cuyo jurado lo integró Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y Eduardo Galeano. El trabajo ganador de GPG abordaba la obra del poeta guatemalteco Luis Cardoza y Aragón y fue publicado por la UNAM y por el Fondo de Cultura Económica en 1997. Para los que quieran conocer más, recomiendo leer la entrada de Wikipedia sobre nuestro autor, muy completa.

“Efímero lloré mi fe” se lee también en reversa.

El título de los 26,162 palíndromos —un verso sublime, intensamente bello— acabala esa cifra ambidiestra que describe la cantidad de las obras incluidas en el volumen.

Un palíndromo podría tomarse como una curiosidad del lenguaje. Yo diría —como otros— que nos revela la relación del lenguaje con los números.

Como dice el mismo GPG (iniciales capicúa), un palíndromo “es una matriz verbal alentada por la simetría idónea”; es decir, esconde un centro desde el cual se despliegan ramas de letras que son idénticas (efimeroLLoremife). De esta manera, un palíndromo no sólo nos habla de la posible reversibilidad del tiempo, sino que nos revela que hay un eje en el cual todo converge (un punto gravitacional, un agujero negro): un orden que escapa a nuestra noción lineal de la experiencia, que sólo unas mentes, como la de GPG, alcanzan a entrever.  

Esa relación antigua entre los números y el lenguaje se vuelve tema de discusión cuando Newton y Leibniz descubrieron el cálculo y cuando nuestros poetas del Siglo de Oro experimentaron con el lenguaje como si fuera fórmulas matemáticas. Ambos nos dicen que la realidad (el lenguaje) puede describirse con números o, que debajo de todo, están los números (y no los símbolos). 

Ese es el secreto que nos ofrece un palíndromo. Y GPG, como un médium, los escribe casi como si respirara. Incluyo a continuación algunos de “su hechura” para deleitarnos los sentidos, el humor y el intelecto: “Yo sonreí, tierno soy.” “Sorberé cerebros.” “A la gorda drógala.” Y este palíndromo “infinito de la fe ambulante” que nos regala en exclusiva: “¡Anima creer, creer, creer…camina!


Twitter@fernofabio