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Un país lleno de espíritus

Viajar en coche por las carreteras de México es una experiencia temible pero, al cumplirla, se transforma en una aventura llena de visiones. Al nacer en Torreón, Coahuila, y vivir allí hasta los 20 años, mi mundo fue compuesto por calor, desierto y un sol que doblaba a los más valientes.

Luego por años disfruté con mi familia travesías por el estado de Chihuahua, desde Torreón a Ciudad Juárez (para continuar hasta el estado de Colorado en EU), primero por el desierto y después lo que podrían ser pampas, con cielos que se van tornando cada vez más azules y nubes blanquísimas, densas, y otras grises a lo lejos, abiertas como regaderas.

La reacción obligada al verlas es decir: está lloviendo por allá. Es tan largo el tiempo que se anda sobre territorio plano y despoblado, que se podría pensar que el mundo entero es así. John Reed en México Insurgente menciona que andar de noche por ese semi desierto era como ir por el fondo del mar y las estrellas eran peces luminosos flotando alrededor. Recuerdo que una vez en aquellos viajes le pregunté a mi hija, ¿quieres subir a una nave espacial? Y al responderme que sí apagué las luces del auto en plena marcha nocturna, y de pronto nos sentimos avanzar por el espacio de las estrellas.

Los tiempos han cambiado y ahora viajo con mi perro en el asiento trasero. Hace poco transitédel bajío a Xalapa, Veracruz. Atravesé los estados de Guanajuato, Querétaro, Estado de México, Hidalgo, Tlaxcala y Veracruz). Lo primero que se percibe es el aumento de la exuberancia natural. Las carreteras están llenas de letreros con nombres relacionados con la historia y que anuncian zonas arqueológicas.

Es casi imposible no preguntarse, ¿los habitantes de por aquí son los descendientes directos de aquellosTlaxcaltecas? Es fácil imaginar por qué los asentamientos se dieron en esas tierras curvas, arboladas, verdes y con lluvia segura. No es de extrañar tampoco que sean históricamente de los territoriosmáspeleados.

El país está habitado, entonces, por espíritus. Al viajar por su territorio es posible presentirlos. Son la geografía, el clima, la humedad, la cercanía al mar, la niebla, la abundancia, la aridez, la lluvia, la intensidad del cielo.

Estos elementos —entre otros— definen la experiencia diaria de los habitantes, quienes se vinculan con la región a través del repetido contacto con estas unidades naturales. Es como si susurrara al oído la voz de una presencia etérea, que mantiene en orden los límites de las identidades locales.

Las diferencias entre Villa y Zapata, por ejemplo, son producto de realidades geográficas, de esas voces que hablan en lo llanodel desierto o en lo oculto de una verde colina.       

 

Twitter@fernofabio/ columna30-30.blogspot.mx