.30-30

Porque no hemos muerto: la Revolución Mexicana hoy

El pasado 2 de noviembre caminé, como muchos, por el territorio de los muertos. En el panteón, las lápidas resplandecían por el sol reciente de la mañana, enmarcadas por los colores llameantes de flores y obsequios de los vivos. El azul intenso del cielo nos cubría por todos lados y, en efecto, las avenidas de polvo y pasto verde se habían poblado de gente que sonreía o rezaba.

El mundo era esa pequeña plaza o mercado de vivos y muertos, y de diferentes rincones y épocas se escuchaba la música de conjuntos norteños que consolaban nuestras almas y hablaban por nosotros.

Alguien pidió, en uno de los páramos, “El corrido de Durango” y “El corrido de Pancho Villa”.

Entonces yo pedí que tocaran “Carabina 30-30”, corrido que inspira semana a semana el espíritu de esta columna. “Con mi 30-30 me voy a marchar/ a engrosar las filas de la rebelión…”.

A veces parecería que necesitamos ir al mundo de los muertos para recordar que hubo una revolución en México. La memoria, en efecto, se nos ha transformado en un desierto sin hazañas ni actores, y los fantasmas rondan nuestra mirada olvidadiza y –de ellos– avergonzada.

Pero es necesario insubordinarnos al silencio de la historia.La Revolución Mexicana es el periodo de nuestro país en que una legión de hombres y mujeres valientes pusieron al límite un escenario: el de revocar la injusticia de un gobierno basado en la explotación y el hambre de muchos.

No recularon, y tuvieron que destruirlos para acabar con su cuerpo de voluntad rebelde. Es necesario pronunciar sus nombres: Felipe Ángeles,Francisco Villa, Emiliano Zapata, Eugenio Aguirre Benavidez, Francisco I. Madero, Pánfilo Natera, Calixto Contreras y, por supuesto, los hermanos Flores Magón.

No hallaremos en México seres más esforzados, y quizá tengamos que llorar mil corridos con todas sus noches.Pero prefiero imaginar otro destino.

En este eterno retorno de la generación de hombres y mujeres, dentro de la lógica del gran laboratorio del tiempo y la experiencia, se volverá a repetir –porque está ocurriendo– la voluntad humana que busca la verdad y la justicia hasta sus últimas consecuencias; una voluntad definitiva que se torna inquebrantable, fantasmal, y por eso necesaria.

Cada uno de nosotros reacciona de modo diferente a la soledad, el dolor o la infamia, y en esa constante reformulación personal, regresarán inevitablemente nuestros muertos revolucionarios, en ciudadanos que reinstalen la verdad en cada instante, en el trabajo, en la vida familiar, en el lenguaje, hasta no dejar espacio sin batalla al absoluto. Porque no hemos muerto, ni merecido la vida, ni el milagro de un corrido. Aún. 



Twitter@fernofabio