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En nuestra mente sin ser el enemigo

La historia de la película En la mente del asesino (Solace, 2015, Alfonso Poyart) nos sirve como base para el siguiente ejercicio. En la cinta, un detective (Anthony Hopkins) regresa del retiro profesional para ayudar al FBI a resolver una serie de asesinatos perpetrados bajo el mismo modus operandi. Se presume que un asesino en serie cometió los crímenes.

El detective encuentra pistas muy importantes del caso, y no porque la investigación dé frutos o el asesino se haya vuelto torpe y dejara rastros, sino porque posee poderes psíquicos/paranormales que lo hacen ver el pasado y el futuro si entra en contacto con objetos o sujetos clave.

El detective se da cuenta, entonces, que el asesino es un individuo como él, y ha ido guiándolo poco a poco a descubrir su identidad pero, más que nada, a entender que comparten los dos los mismos poderes. 

El detective entiende, además, que lo que él percibía como un poder anómalo y caótico, que no había llegado a aceptar por completo ni había llegado a dominar, en otro individuo se había dado de forma más poderosa y ordenada. El asesino había alcanzado una maestría de sí en las tres décadas de su vida, y el otro, con más de 70 años, todavía no.

El detective por lo mismo desea ser mejor, más fuerte; tal vez así podría salvar la vida.La historia continúa pero vamos a parar aquí. El propósito es entender que hay dos individuos que cuentan con el mismo poder.

Pero uno es viejo y le teme a este poder; el otro es joven y ha dominado ese poder. Uno está perdido y confundido; el otro es decidido y preciso. Uno piensa que es una rareza; el otro se piensa la cumbre de la evolución.

Aquí la sorpresa punzante del encuentro entre los dos sería para el que ha estado temeroso, ya que se da cuenta que aquello que ha tenido y no ha aprovechado, otro ha usado para potenciarse en los propios secretos del poder. 

Ahora, pensemos que esta historia es una alegoría, y sustituyamos la idea del poder psíquico/paranormal por otra cualidad humana como “inteligencia”, “talento” o “intuición”, etc. Contemplemos el escenario donde nosotros somos ese detective viejo e incierto que conoce a su contraparte que le viene a revelar eso, que ha malgastado el tiempo en dudas, temores y autorechazo.

Ahora, asumamos que, en un instante de necesidad extrema, nos juramos no volver a estar en contra de nosotros mismos, e imaginemos que, a diferencia del detective, se extiende ante nosotros el largo camino del tiempo.

Está allí para dejarnos alcanzar la maestría personal en la inteligencia, el talento y/o la intuición. ¿No es ésta una imagen hermosa? ¿Qué proyectos y aventuras no podríamos conquistar avanzando en la vida así? 


Twitter@fernofabio