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La imagen del mundo en una habitación cerrada

Me motiva escribir una segunda columna sobre el filme Room (La habitación, 2015, Lenny Abrahamson). Hagamos un ejercicio mental. En el filme, Jack, el niño protagonista de cinco años, ha vivido toda su vida en un cuarto cerrado en compañía de su madre. Cree que el espacio exterior rodea el cuarto.

No tiene idea de que cada objeto se fabrica y cada fruto se cultiva. Está convencido de que los únicos humanos reales son él y su madre. Sabe que hay otros seres humanos, pero ellos viven en la televisión y son planos; etc. Jack tiene una imagen deformada del mundo, la cual ha sido moldeada por la madre para que el niño encuentre tranquilidad en mundo cerrado en que viven.

Supongamos ahora que esta situación no es exclusiva de Jack, y que cada uno de nosotros alguna vez tuvo una idea “alterada” del mundo. Por medio de esta concepción llegamos a construir un modelo personal de la maquinaria diversa y caótica de la realidad. Este proceso fue nutrido por padres o allegados, y quizá fue muy abrupto, de manera que la idea de las cosas fue todavía más radical. Con el tiempo, esta visión del mundo fue cambiando, volviéndose algo cercano a la norma por medio de la entrada en el conocimiento institucional.

Así nos transformamos en sujetos capaces para participar en el acuerdo colectivo de la sociedad. El psicoanálisis y otros sistemas de pensamiento han ahondado extensamente en este proceso de formación de la psique humana.

Pero nunca es posible transformar cada una de las partes de nuestro reino interior. Partes de esa visión infantil de la realidad sobrevive y está aquí en el ser que somos en este momento.

En alguna parte de nuestra mente seguimos siendo Jack, y disfrutamos de la experiencia de vivir en un cuarto cerrado, rodeado de mitologías y aspiraciones irrealizables.

¿Cómo acceder a este mundo cerrado? En ocasiones percibimos aquella mirada en los sueños, en la fascinación experimentada ante ciertos lugares, personas u objetos, inclusive a través de la melancolía o lo irracional de un deseo.El arte es otra ventana a ese mundo.

“Cisnes reflejando elefantes” de Salvador Dalí es un sueño o una visión en que ciertos elementos familiares para nosotros —los cisnes— se proyectan como otros objetos —elefantes— en la superficie de un estanque.

¿Pero son los cisnes de verdad elefantes o estamos dentro de un mundo en que los animales producen un reflejo de otra especie animal sin que haya, paradójicamente, un corte lógico? ¿O estamos ante dos realidades simultáneas? Sería difícil determinarlo. Nos encontramos ante el mundo infantil del artista y en esa fantasía las reglas son exclusivas.

Es como si Jack hubiera pintado la obra. 


Twitter@fernofabio