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A la hora de la verdad estamos solos

Cuenta Gabriel García Márquez en una entrevista que, cuando tenía cinco años, sus abuelos lo asustaban. Lo ponían en un rincón de la casa y luego le decían, no te muevas porque allí en ese cuarto murió tu tía Petra, no te vayas para allá porque allá murió tu tío Nicolás; quédate quieto.

El novelista revela que le daba un miedo increíble siquiera mover el cuerpo, ya que de verdad creía lo que aseguraban sus abuelos. Con el tiempo analizó la escena y sus emociones, y se dio cuenta que ese terror a existir era el mismo que sintió un día a la hora de verse obligado a realizar uno de sus primeros reportajes como periodista. Pensóentonces dos cosas: que a la hora de enfrentar la realidad todos estamos solos; y que todos —todos— tenemos miedo. Esta enseñanza lo tranquilizó, ya que antes pensaba que sólo él sentía terror.

Apenas pasó el Miércoles de ceniza. Para algunos marca el inicio de un periodo de mortificación con el propósito de alcanzar fines espirituales. El punto es que este miércoles los creyentes fueron a reconocer que su vida es finita; es decir, los que tomaron ceniza aceptaron la revelación de su muerte. No la fecha ni las circunstancias, claro, pero sí la afirmación de que ocurrirá. Aunque no lo manifiesten con terror pero sí con una melancolía eclesiástica, los creyentes nos recuerdan que somos iguales, que la muerte nos equipara.

Si leemos a Séneca en Sobre la brevedad de la vida aceptamos que son intentos vanos el culto a la apariencia y la acumulación de bienes: a todos se nos ha dado una porción limitada de tiempo, y como el adjetivo “limitado” lo dice, ese tiempo se va a acabar. Todos nos parecemos en que vivimos, por un ratito nada más, en el tiempo.

Pienso que el terror que experimento al leer una novela, a un poeta o afilósofos como Nietzsche, Camus o Séneca, entre otros, es el momento en que tengo que enfrentar la realidad, y allí estoy solo. Al pensar más al respecto, y basado en García Márquez y los filósofos, y dándole mucha bola al asunto de la justicia social y la posibilidad de un cambio,creo que ese momento de terror que todos sentimossería el instante de transformación de la realidad, si sólo nos diéramos la oportunidad de entender el secreto de nuestra angustia, mortandady finitud.

Porque sospecho que este mundo de distracción, comunicaciones y consumo, productor de infamias y muerte para otros, no es más que un signo de no querer estar con uno mismo. Pues como dice Séneca, “No te has dignado a escucharte. Ciertamente, cuando obrabas así, no querías estar con otro, sino que no podías estar contigo mismo, echando cuentas”. Ya lo dice también el viejo y conocido refrán, “caras vemos, (nuestros) corazones no sabemos”.


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