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Lo que buscamos en lo perdido

La semana pasada, al terminar de escribir un largo texto narrativo, sentí la exaltación —pero también la melancolía— de quienes se despiden —por un tiempo— de un proyecto muy querido. Releí las últimas líneas y supe que el final era ese y no otro. Entonces decidí salir de casa a manera de celebración, hacer un poco de ejercicio y fugarme al cine después. Como suele suceder, llegué tarde a la función. El cine estaba un poco lejos de mi casa y ya en la taquilla, gente que había llegado con más tiempo había formado una larga cola en la única caja abierta. Pero no importaba, la película era una versión remasterizada de Trainspotting (1996, Danny Boyle) y la había visto en su momento y luego en DVD. En la sala, me la pasé riendo y las carcajadas me asaltaban; a lo lejos escuchaba que mi escena se repetía —o yo repetía la escena de otros— y risas y carcajadas celebraban la luz y el sonido de ese delirio cinematográfico.

De vuelta en casa, muy contento, sentí la necesidad de reeler lo que había escrito. Pensé, ahora voy a leer el pasaje de la primera sección, que tanto me gusta. Al buscarlo me di cuenta que había desaparecido. 2 páginas se habían esfumado así nada más. El hecho había ocurrió días atrás sin darme cuenta. Deseé que ese momento fuera un sueño o algo como perder el inicio de una película, que uno mismo puede ver en otra ocasión y encontrar los mismos cuadros, ruidos, palabras o música.

He pasado horas en la red, investigado la manera de recuperar el contenido de un archivo que ha sido modificado varias veces. Lo bueno es que el procesador de texto guarda imágenes previas de los archivos, sólo que éstas se encuentran en lugares secretos y bajo nombres que son difíciles de identificar. Claro que este accidente se habría evitado si yo hubiera guardado versiones previas del archivo o activado la función para que el procesador lo hiciera. Esta historia es una de terror que muchos han vivido. Ustedes saben a lo que me refiero.

No sé aún si recobraré esas páginas. Mi hermano me está ayudando en el asunto. No obstante, me pregunto —y me lo pregunto al mismo tiempo que busco en mi mente las palabras exactas que dijeron los personajes, así como las emociones que sintieron, en las 2 páginas desaparecidas— ¿qué buscamos cuando tratamos de encontrar algo —o alguien— muy valioso que hemos perdido? ¿Es nuestra sensación de complitud? ¿Es el amor por aquel ser o fragmento de mundo? ¿Es la compañía, la belleza, la justicia, o simplemente olvidar el desconsuelo de existir en el tiempo, en el cual todo se vive una vez y solamente una vez? No he encontrado una respuesta, pero las preguntas vuelan en círculos como pájaros, antes de perderme en la noche de los sueños.


Twitter@fernofabio