.30-30

Venga corazón bandido

Según Paco Ignacio Taibo II, Francisco “Pancho” Villa intentó hacer una vida honesta en sus años de juventud adulta. Quiso dedicarse como un mexicano cualquiera al comercio en Chihuahua y en su natal Durango. No obstante, las dificultades a las que se enfrentó provocaron que se desapareciera en temporadas para dedicarse al bandidaje. Pero luego reaparecía para intentar comerciar, mas fracasaba al enfrentar de nuevo el dominio de los caciques. 

El Villa que se vuelve revolucionario conoce muy bien el mundo en que vive, navega en la maldad del sistema y realiza la guerra y el comercio de forma efectiva en contra del mismo sistema. Pero no lo hace para su propio beneficio, como los dueños de las haciendas y aquellos que servían para ellos, sino para el bien de la comunidad. Como constancia quedan los meses en que Villa fue gobernador de Chihuahua en el 13 y el 14. 

Es difícil penetrar en la verdad del corazón de Villa. Cientos de historiadores han intentado hacerlo. Mas uno puede leer esas páginas y creer que sí, que uno ha llegado a conocer el corazón villista y que uno encuentra en él la renuncia al bienestar propio por el de aquellos que lo rodean. Si lo vemos así, Villa ha sido uno de esos pocos mexicanos con poder que —como Emiliano Zapata— han intentado echar a andar el proyecto nacional de la realidad justa.

Un siglo ha pasado desde los años dorados de Villa. La misma maldad que lo mató sigue reinando en nuestro territorio. La semana pasada extraditaron al “mayor bandido” de la historia contemporánea. Algunos lo declararon bandido nacional porque burlaba siempre al gobierno, pero, aunque bandido, su visión sobre la realidad nunca estuvo en sincronía con los intereses de la comunidad nacional. Su tiempo -parece- ha terminado.

¿Qué nos espera en México con Peña Nieto y Trump? Un movimiento revolucionario como el de un siglo no es viable. El mesianismo tampoco. ¿Qué? Creo que la respuesta está en nuestro corazón mexicano, el cual históricamente ha producido un harto número de hombres malos. Ya lo decía Juan Rulfo en los cuentos de El llano en llamas. En “No oyes ladrar los perros”, por ejemplo, el padre lamenta que su hijo le salió malvado. La idea de la maldad se repite en los 16 relatos restantes.

Lorenzo Meyer comenta que con Trump los mexicanos tenemos la oportunidad de ganar soberanía. Es la visión del vaso medio lleno. Pero no hay de otra. Y yo añadiría: que florezca en nosotros un corazón bandido, incorrupto, a prueba de cañonazos de cincuenta mil pesos, que ame de verdad a este país y, más que nada, a su gente, como el de Villa y Zapata. Recordemos que los muertos saben más que nosotros y, aunque asesinados, nos siguen hablando al corazón.


Twitter@fernofabio