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Iván Ilich, Gregorio Samsa, Tolstoi, Kakfa, una mujer

Leía “La muerte de Iván Ilich” de León Tolstoi en un café. Me dije, es una historia parecida a La metamorfosis de Kakfa.

Tanta soledad sólo la puede entender Gregorio Samsa, el agente viajero que un día se quebró y su familia no pudo amar; lo vieron entonces como una cucaracha (así él se percibía o lo hacían sentir), y Gregorio lo único que deseaba era una mirada de afecto en su penoso estado. Así, Iván Ilich, luego de enfermarse por las secuelas que le dejó una caída, pide comprensión y verdad en su última migración.

La novela de Tolstoi me inducía a crear una serie de conexiones (pensé en Woody Allen, en Revueltas, en Kieslowsky).

En los capítulos que narran la joven vida del protagonista, recordé la película de José Bolaños, La soldadera (1967), en la cual el personaje que encarna Silvia Pinal añora una casa. Cuando Iván Ilich por fin consigue un trabajo que le da suficientes medios económicos, compra una residencia; arreglándola se cae y, sin saber, se origina su herida mortal. 

Iván enferma y empieza a morirse. Los médicos no ayudan. Se desliza en la soledad, en un espacio de la existencia que sólo él conoce. Así se mueren las personas, me dije. Y pensé en el fallecimiento de mi tío en el 2014, a sus sesenta años. Pude saber que lo sabía, que estamos solos y morimos solos.

En eso, un grito parte la sala del café. Varios clientes, que conversan en grupos, reaccionan. Era un grito tembloroso, que había salido del alma sin ningún control.

Una mujer, llorosa y de mirada agitada, dijo que debía completar el costo de un tratamiento para su hija en el hospital. Daba la impresión que la mujer sabía algo más sobre su hija, pues su ansiedad y desesperación comunicaban un terror que las palabras escondían.Recibió algunas cooperaciones y salió del café. Yo, con la conciencia estrujada, vacilé y, luego de algunos minutos, volví a la lectura.

Pensé: el mundo y el libro hablan de lo mismo. ¿Me podría revelar la novela algo sobre la mujer que se acababa de ir, sobre la vida misma; algo que nos ayudara construir un significado, una conclusión de aquello que íbamos viviendo?Iván Ilich se pregunta que si, viviendo otra vida, una vida correcta, podría evitar el dolor que enfrenta en la cama.

Pero ¿cómo saber que se está viendo esa vida “correcta” al irla viviendo? No, no era posible más que vivir la vida del presente, la única, en la cual no existen –a veces– respuestas, ni sentido ulterior al sufrimiento.

Ese era el dolor que Iván Ilich pedía que comprendieran, el dolor que la familia Samsa no se atrevió a ver por falta de amor; y tanto Iván como Gregorio desaparecieron solos, en grandes libros cuyo tema no sólo es la muerte, sino eso: la falta de amor. 



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